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martes, abril 30, 2013

Blancas o negras?...

Son las diez y media de la mañana de un miércoles cualquiera.
Planta tercera del museo Guggenheim de Bilbao.
Hay una figura vestida de negro, en una de las salas, y completamente inmóvil frente a un cuadro de Cy Twombly.
El resto de la sala se encuentra vacía, a excepción del vigilante, sentado en su silla en la puerta de entrada.
Unos pasos resuenan en el pulimentado pasillo y se acercan hasta la puerta.
Otra figura entra, vacilante, y se sitúa junto a la primera.
Esta última viste de blanco.
El vigilante, intrigado, cierra el libro que estaba leyendo y observa.
Las dos figuras permanecen inmóviles durante largo tiempo, sin mirarse.
Parecen absorbidas por la fuerza de cuadro: un gran lienzo blanco salpicado de tonos rosas y rojos.
El vigilante vuelve a su libro.
La primera figura, la negra, mete su mano izquierda en el bolsillo de su cazadora negra y extrae un pequeño sobre sepia. Sus movimientos son lentos, metódicos, estudiados. Extiende su mano con el sobre hacia la figura blanca que, rápidamente, de un solo movimiento coge el sobre y lo introduce en su cazadora blanca.
El vigilante, absorto en su libro, no ha reparado en nada.
La figura negra sale despacio de la sala.
Al llegar a la puerta de salida de la sala gira la cabeza, mirando fijamente al vigilante con unos grandes ojos verdes que destacan con fuerza en su indumentaria negra. Guiña un ojo y sonríe casi imperceptiblemente.
El libro cae con fuerza desde las manos del vigilante y suena estrepitosamente en la sala. El vigilante, con la cara enrojecida, recoge el libro clavando su mirada en la espalda de la figura blanca que ni se ha inmutado.
Se vuelve a sentar mirando fijamente esa figura que, ahora, le resulta tan extraña mientras se oyen cada vez más lejanos los pasos de la figura negra pasillo adelante.
Un escalofrío recorre la espalda del vigilante…

domingo, abril 07, 2013

Un encargo delicado...

El vuelo procedente de Bilbao llegaba a la Terminal 3 del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol a las 23:35. Las indicaciones de mi cliente habían sido precisas: debía recoger el coche de alquiler a mi nombre y continuar destino, esta vez, por carretera. Había intentado desde apenas iniciado el despegue echar una cabezadita pero mi compañero de asiento, un dulce anciano que viajaba a casa de su hija, sentía la necesidad de rellenar los silencios que yo misma provocaba. Así que, cuando aterrizamos en Málaga a la hora prevista, ya conocía gran parte de su vida y los nombres de todos sus nietos. Recogí mi equipaje de mano, el único que llevaba, y salí presurosa de aquél avión y de la claustrofóbica amabilidad del anciano.

Cuando llegué al mostrador de Helle Hollis esperé pacientemente mi turno y en media hora ya era dueña provisional, por un plazo de 48 horas, de un Peugeot 207 blanco descapotable. Pensé en cenar algo antes de recoger el coche pero tenía demasiada prisa por llegar. La carretera era conocida: ese mismo trayecto ya lo había hecho muchas veces antes. En el plazo de más o menos una hora esperaba llegar a destino y descansar en el hotel hasta que, por la mañana, acudiera a la cita en la casa de mi cliente.

En hora y media escasa estaba entrando en Granada y me dirigí a mi hotel en el barrio de la Judería. Mi cliente había insistido en que me alojara en un hotel más lujoso pero a mí me gusta este lugar y puedo llegar a sentirme como en casa paseando entre sus calles. Rellené la ficha en recepción y subí a mi habitación a darme una ducha. Después pedí un bocadillo y una cerveza y cené junto a la ventana abierta. El ruido y el olor de Granada llenaron esa soledad que tienen todas las habitaciones de hoteles, esté o no esté sola en ellas.

A la mañana siguiente, después de desayunar, salí con mi maletín hacia la casa que Aurelio, mi cliente, tiene en la Carrera del Darro. Caminé despacio hacia allí disfrutando de ese bullicio y esa sorna granadina que tanto me gusta. A las nueve en punto estaba enfrente de la puerta de madera de su casa, a los pies de la Alhambra, junto a un pequeño puente de piedra que cruza el Darro. Me abrieron el portón y entré en un patio lleno de plantas, de árboles frutales y recién regado. Aurelio estaba sentado allí, en uno de los sillones. Se levantó presurosamente y me estrechó la mano plantándome, a la vez, dos sonoros besos en las mejillas.

Nos trajeron café, zumo, uvas y unas rebanadas de pan tostado con queso en una bandeja de plata mozárabe que dejaron sobre la mesa. Aurelio me sirvió café y  me miró expectante. Hacía ya un mes que se había puesto en contacto con nuestra agencia, solicitando nuestros servicios. Un mes llevaba esperando mi visita para ultimar el contrato. Crucé las piernas y me recosté en ese confortable sillón mientras aspiraba con fuerza el hipnótico aroma de las flores del magnolio que tenía a mi lado.

Empecé a preguntar: necesitaba saber todo acerca de ella. Sus gustos musicales, sus perfumes favoritos, sus colores predilectos, el libro que estaba leyendo...
Aurelio contestaba a cada una de mis preguntas con un brillo en los ojos que le delataba. Estaba completamente enamorado de ella. Tanto que no hubo una sola pregunta que quedara sin contestar. Después de unas dos horas de charla, me levanté y cogí mi maletín. Aurelio se levantó tan deprisa que, al hacerlo, tiró al suelo una de las tazas de café. Mientras recogía los trozos de la vajilla esparcidos por el suelo, noté el temblor en sus manos.

Pasamos al interior de la casa y me condujo hasta la cocina. Coloqué mi maletín encima de la mesa de madera de olivo que ocupaba el centro de la estancia y lo abrí. Le pedí que me dejara a solas. Me puse mi delantal Liberty y saqué todos mis utensilios para realizar los cupcakes personalizados para la esposa de Aurelio que con tanto cariño él había encargado para la fiesta de cumpleaños de esta tarde…

lunes, junio 18, 2012

Algo así como libertad...



"Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo."

Miguel Hernández 

Cuando Coro fue seleccionada para el puesto de secretaria en aquél bufete de abogados de Bilbao sus padres se echaron las manos a la cabeza. La niña salía por primera vez del caserío familiar, en Ispaster, y había llevado todo el proceso de selección en secreto, mintiendo sobre sus viajes al Botxo.
A ellos les hubiera gustado que la niña siguiera como hasta ahora, a su lado, ayudando en el negocio familiar, esa vieja carnicería de Gernika, famosa por sus morcillas de verdura que provocan colas los lunes a la tarde.

Pero la niña soltó la noticia en casa con todos los cabos atados. Con el horario del bufete no le quedaba más remedio que quedarse a vivir en Bilbao, así que en el bufete le habían ayudado a buscar alojamiento. Iba a compartir un piso con otras dos chicas, en la calle Ronda. La niña se mostró impasible ante el amago de infarto de su madre. No era la primera vez que su madre recurría a sus dotes de interpretación ante los pobres y fracasados intentos de rebelarse de la niña. Pero Coro, esa niña tan dócil durante 30 años, había tomado ya la decisión de intentar vivir su propia vida y dejar de sentirse oprimida y asfixiada por unos padres tan absorbentes. Coro prometió que pasaría los fines de semana en casa, en el caserío, y los sábados a la mañana ayudaría en la carnicería. Los domingos pasearía junto al aita y el perro por la playa de los piratas, como cada domingo de su vida.

Así fue como comenzó la vida de Coro a los 30 años. Nunca había tenido amigas ni novio. No había ido de vacaciones y no había pasado una sola noche fuera de la casa familiar.
La vida en el piso de la calle Ronda resultó fácil, una de las chicas, Maider, era de Lekeitio y la otra, Covadonga, de Oviedo. Los viernes Maider y ella compartían coche, un viernes cada una, y el domingo quedaban para volver juntas. Covadonga se quedaba sola los fines de semana y solía salir con gente del hospital donde trabajaba como enfermera.

Lo más difícil que había hecho Marco en su vida, había sido licenciarse en Derecho por Deusto. Al terminar la carrera, empezó a trabajar como socio en el bufete que la madre le había montado a su hermana, en una calle muy próxima a los Juzgados. Marco era un tío guapo y tenía esa prepotencia que sólo la da el haber nacido sin preocupaciones y con todo el camino hecho.

La selección de la secretaria para el bufete la había llevado él personalmente y nada más verla se decidió de inmediato por Coro.
Era guapa, servicial y bajaba los ojos al verle. No sabía si por timidez o por respeto. Pero a él, con esa chulería que le caracterizaba, le gustaba que una mujer bajara la mirada en su presencia.
A su hermana también le gustaba Coro por su dulzura, belleza y presencia.
Eso quedaba bien en el bufete.

Las semanas fueron pasando siempre iguales, Coro empezó a desear que no llegara el viernes y que la semana tuviera siete días laborables para seguir trabajando en el bufete. Los jueves a la tarde quedaban las tres chicas en la Plaza Nueva y tomaban unos zuritos antes de ir a casa.

A veces cenaban fuera, en el Xukela de la Calle del Perro.
Coro les hablaba de Marco, de lo guapo que era y de los clientes del bufete.
Covadonga hablaba del hospital y de ese cirujano que le sonreía cada día. Maider era concejal del Ayuntamiento y su trabajo era mucho más aburrido, solía estar deseando que llegara el viernes para marcharse a Lekeitio y ver a su novio.

Un viernes de marzo, Coro no llegó a pasar el fin de semana a casa. No apareció tampoco por el piso de la calle Ronda y no amaneció al lunes siguiente en el bufete.

Cinco días más tarde de su desaparición, el cádaver de una Coro desfigurada, hinchada y amoratada, era rescatado de la playa de Ereaga, cubierto de algas... 

lunes, febrero 01, 2010

Un círculo...


"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua."
(Borges)
Cuando Olivier comenzó a ir al gimnasio en el mes de septiembre no confié en que fuera constante, pero sigue yendo un par de días por semana, los que no voy yo, y está muy contento con el grupo. Ese par de días suelo aprovechar, una vez acostada J., a ver alguna vieja película o a holgazanear un rato.

En el bar La Mutua de Mazarredo, los miércoles noche se reunía un variopinto grupo de personajes, pocos pero selectos. El hermano de un conocido director de cine y un par de guionistas; un emergente pintor, Patxi Del Río, la mujer de éste, y un par de amigos de ambos; los que colgábamos los floretes sobre las diez de la noche en aquél desvencijado edificio de escaleras de madera y grandes vidrieras de Uribitarte, dónde teníamos la sala de armas; más los clientes ocasionales que aterrizaban por allí.
Ésos iban variando y nunca eran los mismos. Los anteriores, éramos habituales. El camarero, un pintor fotógrafo que solía exponer en galerías privadas y en el molino de Aixerrota, era el hilo conductor de los grupos y solía ir de uno a otro dando conversación e interesándose por todos.
Las cervezas las servía en jarra helada y ponía unos cacahuetes tamaño maxi que no recuerdo haberlos probado más buenos que en aquél lugar. Los viernes también solíamos ir a La Mutua, pero el ambiente era diferente. La clientela crecía considerablemente y sobre todo estaba lleno de grupos que, tras la cena, acudían a probar uno de sus famosos cafés con licor que tanta fama le dieron en su día.
Los miércoles eran noches íntimas, bohemias, llenas de humo y algún que otro secreto, con reuniones dónde se trataban temas importantes e incluso vitales. Patxi Del Río, empezó a exponer allí sus cuadros. Su nombre ya era medianamente conocido en el Botxo. Había sido profesor de Bellas Artes pero ahora se dedicaba exclusivamente a la pintura. Malena, su mujer, tan bella como frágil, enseguida se interesó por nosotros.
Desde el ventanal de La Mutua se veía la Sala de Armas de la calle de abajo, y casi desde el primer día se acercó y comenzó a charlar. Su fragilidad se la daba una extraña enfermedad que la recluía unas cuatro veces al año en un hospital, y era por ello que no trabajaba. Había sido alumna de Patxi Del Río pero ella ahora tampoco pintaba, vivía exclusivamente para su enfermedad y su marido.
Un miércoles, guiados por el camarero, nos convertimos en un solo grupo. Nos fusionamos muy bien y los temas iban pasando de uno a otro. Queríamos saber todo de todos. La relación se fue estrechando. Malena comenzó a acercarse a la Sala de Armas, al principio tímidamente pero enseguida se envenenó con el florete y empezó a recibir clases. Comenzamos a hacer actividades juntos: exposiciones, un día de rodaje, cursos de guionistas de cine en la nueva plataforma de la Plaza de Venezuela, campeonatos en polideportivos de mala muerte y alubiadas con Agustín y Mariluz después de pasear por su bosque. Cenas en el ático de Gran Vía con Patxi y Malena y sábados en Ibarrangelua, en casa del maestro.
Patxi Del Río comenzó su ascenso vertiginoso en la pintura al mismo tiempo que el alcohol se iba abriendo paso por sus venas. Empezamos a ver que tenía un problema con la bebida el mismo día que en el bar La Mutua se vendió uno de sus cuadros a una pareja de franceses que habían venido expresamente a ello y que pagaron en efectivo una cantidad desorbitante, mientras era el camarero el que cerraba el trato y Patxi apenas se tenía en pie. Aquella pareja nunca supo que el borracho que se sujetaba a la barra para no caerse era el genio que había pintado ese cuadro.
Después de eso todo comenzó a suceder muy deprisa. Patxi seguía vendiendo cuadros, nosotros competíamos a nivel nacional e internacional y ya se hablaba de la cantera del Botxo, uno de los guionistas consiguió un trabajo en Madrid y el hermanísimo empezó a salir con una chica que le quitaba todo el tiempo. Malena se marchó del lado de Patxi, se enamoró de un jovencito 15 años más joven que ella y tuvieron un niño. El edificio desvencijado de Uribarte pasó a la historia para dejar paso a unos pisos de lujo y nos exiliamos a Artxanda, acogidos en una sala de armas que no era la nuestra.
Nos perdimos.
Olivier volvió a casa el miércoles con noticias. Una compañera de gimnasio, una chica enfermera, le había invitado a comer el domingo en el caserío. A los compañeros de grupo más sus familias. Alubias. Su marido es pintor y les gusta recibir en casa.
Es domingo. Llueve. Olivier, J. y yo nos acercamos al caserío dónde estamos invitados a comer. Nos cuesta encontrarlo a pesar de que vivimos en la zona. Aparcamos fuera, el paisaje es precioso. Se divisa el pueblo desde aquí arriba. El verde de los montes con este día de lluvia es tan verde que duele. Se oyen risas en el interior del caserío y bullicio de gente. Olivier toca el timbre, casi de inmediato aparece en el umbral un sonriente Patxi Del Río.

lunes, enero 25, 2010

Amar una sombra...


Siniestro delirio amar una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
(Alejandra Pizarnik)


La primera vez que Michael atracó su viejo catamarán en el puerto de Lekeitio corría un mes de julio ahogado por la lluvia y sofocado por las altas temperaturas. La expectación que causó en el pueblo su llegada sólo podía ser equiparable a, muchos años atrás, la llegada de un joven y guapo, por aquél entonces, Ramón Mendoza, proporcionando muchas horas de qué hablar cuando se enamoró de Rosario, y pegando uno de los braguetazos más sonados en el pueblo, que le llevaría a ser, muchos años después, el presidente del Real Madrid.

Michael era el prototipo de americano, californiano y buscador de olas. Alto, rubio, con melena peinada nada más que por el viento y el salitre y, pronto, muy pronto, los alrededores de su catamarán se llenaron de jovencitas dispuestas a ayudarle en las tareas cotidianas. Le traían agua, pan y pescado y se ofrecían a enseñarle todos los encantos del pueblo, incluídas ellas mismas. Pero Michael prontó cayó rendido a los encantos de una sola, de Isabel. Isabel era una de esas bellezas inquietantes de ojos verdes y mirada perdida. Solía estar sentada en lo alto de una roca, cual sirena, mirando al horizonte y reflejando el verde de sus ojos en el intenso azul del mar. Quizás por esa mirada distante o por ese halo de indiferencia que la rodeaba, Michael no pudo por menos que enamorarse sin frenos de aquella, aún, adolescente.

Isabel dudó pero terminó correspondiendo ese amor sin tapujos y del todo sincero. Transcurrió el verano entre paseos en catamarán, chapuzones en la playa y horas de sexo robadas al atardecer, sobre la arena y junto al faro. Hablaban poco. Él apenas hablaba castellano, ella apenas hablaba inglés. Su lenguaje era casi animal y se consumían el uno al otro en días casi eternos, llenos de horas y noches.
Llegó septiembre y el día de gansos. Michael decidió no irse nunca, vivir allí para siempre. Estaba fascinado, hechizado. Si alguien le hubiera hablado en su América de esa afición de arrancar el cuello a un inocente ganso se hubiera estremecido. Pero allí, embriagado de ese verano y de los ojos de Isabel todo era maravilloso.

Partió en su catamarán una mañana, con la promesa de atar unos cabos y volver, para siempre. Michael tardó cuatro meses en volver. Era un frío mes de enero cuando se divisó desde el Calvario su, ahora más, viejo catamarán. Se le recibió como se reciben a los pesqueros cuando vuelven por fiestas. Como si fuera familia. En enero el pueblo se reduce a muy poca gente y allí estaban todos. Todos menos Isabel. Preguntó por ella, pero nadie sabía mucho. Poca cosa. En realidad ella no era del pueblo, era veraneante. Pero no de las habituales. Nunca supimos mucho de ella. Era el primer verano que aparecía por aquí. Tenía acento de Donosti, igual vive allí.
A los pocos días Michael puso a la venta los vinilos traídos desde su casa, en América, en la cubierta de su catamarán. Discos, libros, postales y recuerdos formaban un curioso mercadillo. De esa manera cayó en manos de mi padre un disco de un jovencísimo y desconocido Willy Deville, que aún hoy anda por casa. Michael buscó trabajo en el puerto y lo encontró. Hoy sigue allí. Su melena rubia de antaño ahora es blanca. Su cara surcada de arrugas, del sol y de la mar, le dan un aspecto de náufrago romántico. Su acento marcado y sus ojos azules, tristes desde aquél verano, le vuelven tierno.
Nunca se volvió a marchar. Nunca la volvió a ver. Isabel se convirtió en sombra de un recuerdo y, en ocasiones, en esa duda lacerante de si realmente esa mujer llegó a existir.

lunes, enero 18, 2010

Y si fuera cierto...?

"Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad"
(Jaime Sabines)
La semana pasada tuve que acercarme a una Administración Pública para tramitar un papeleo. Siempre me entran sudores cuando tengo que hacerlo. Cogí mi número como si se tratara de la pescadería y me senté a esperar. Me fijé en ella casi de inmediato. Su cara se me hacía tan conocida que no podía apartar la vista. Su pelo rizado, su cara redonda, su mirada triste. Todo en ella me resultaba familiar, pero no era capaz de ubicarla. Estaba tan ensimismada intentando recordar que cuando me quise dar cuenta ya me tocaba el turno y, casualmente, en su mesa. Al sentarme y mirarla de cerca, caí inmediatamente. Ella se levantó sonriendo y me plantó dos sonoros besos en las mejillas. Cuánto tiempo!. Habíamos estudiado muchos años juntas pero hacía más años que no nos veíamos. Nunca más habíamos vuelto a coincidir en todo este tiempo. Pues, aunque nuestra relación siempre fue cordial, nunca llegamos a intimar lo suficiente.
Hablamos deprisa, atropelladamente. Ella me tramitó el papel que necesitaba para la próxima declaración de Hacienda y me pidió que la esparara unos minutos para salir a la calle a tomar un café.
Fuimos a la cafetería que está al lado, junto a la estación de autobuses. Nos sentamos en una mesa, junto a la ventana, y pedimos café. Las dos hablábamos muy deprisa, nos contamos muchos años en pocos minutos, casi hablando a la vez. El café se enfriaba en la mesa. Hablamos de estudios, trabajos, amigos, gente conocida, vecinos e incluso de aquél chico que a todas nos marcó tanto.
Hubo un silencio. Aproveché para tomar un sorbo de mi café y ella se puso seria. Me preguntó si recordaba a su novio del instituto. Claro!. Me contó que años después, muchos años después seguían juntos. Estaban preparando su boda, hace dos años, cuando a él le detuvieron. Le acusaban de violación de una menor, en el parque que hay junto a la casa de ella. Me lo contó llorando, superada y nerviosa. No supe reaccionar. Recordaba a un chico tímido, callado, muy educado y que, todos los días, la esperaba para acompañarla a casa tras las clases. Recordaba a aquél muchacho que en todas las fiestas permanecía sentado con su Coca-Cola en la mano.
Ella seguía hablando, me contó que suspendieron la boda, que sigue en la cárcel, que le declararon culpable y que había un testigo. Me contó que era imposible creer esa historia, que él siempre había sido maravilloso con ella en todos esos años y que no podía ser cierto. Ella le visita en la cárcel pero va espaciando las visitas. Le duele, le pesa, le agota la situación. Me habló de las explicaciones que tuvo que dar, de las miradas, de las vecinas, de ese parque que tenía que atravesar cada día hasta que decidió mudarse.
La abracé. Le di mi teléfono y un beso muy fuerte. La acompañé de vuelta a su trabajo y la volví a abrazar. Le dije que confiara en ella, no en él ni en la gente. En ella.
Y si fuera cierto...? me dijo....


jueves, noviembre 26, 2009

Una de lluvia y pintxo...



Desde que vivimos aquí, en este lugar donde la ría dobla la esquina, busco cualquier disculpa para acercarme al Botxo.
Ahora, con el deber de vigilar la casa de mi amiga, se me ha presentado en bandeja la visita cada dos días a mi querido Casco Viejo, a ese lugar del que tanto me costó salir y con el que sueño, casi cada noche, con volver.
Ayer a la tarde nos sorprendió la lluvia, a J. y a mí, saliendo del ático de la calle del Víctor y después de acercarnos a saludar en la perfumería de enfrente se me ocurrió ir al Berton. J., ese ángel, de alas color rosa, que me persigue (o a la que yo persigo) desde hace dieciséis meses ya había merendado, pero la tarde era perfecta para uno de esos zuritos rematados con cerveza negra tan personales del Berton. No para J., que aún no bebe, sino para mí.
La última vez que estuve, hace dos semanas, era domingo, así que ayer me sorprendió ver el local casi vacío, excepto por dos parejas. De los camareros habituales no había ninguno. No estaba el moreno alto tan simpático, ni el moreno alto menos simpático pero más servicial. Ni el moreno delgadito. No había ningún moreno, en definitiva. Una camarera con cara de cansada se acercó para preguntarme qué quería con un airado gesto de cabeza, pero sin mediar palabra. Ni un buenas tardes siquiera. Eso sí, era morena. Pedí un zurito y un pintxo. Se oyó desde mi extremo de la barra el grito de un pintxo de foie!. Así que la camarera no era muda. Desde la cocina asomó una cabeza con gorro blanco. El cocinero. Asiático. Nunca he sabido diferenciar a los autóctonos de esa parte de Asia. Llegó el pintxo y le pasé a J. un trocito de pan. Ella está, en estos momentos, en esa fase en la que el pan es lo mejor del mundo, aunque ya apunta maneras de sibarita. El foie era la mitad de tamaño que hace unos meses y la manzana estaba como hecha a desgana, con prisa. Un toquecito de mermelada de frambuesa, apenas perceptible.

Qué ha pasado con el Berton? Por qué todo lo que es bueno acaba convirtiéndose en mediocre?
Pasamos por la tahona de Jardines a comprar un pan de pasas y nueces, que a pesar de los años, siguen haciendo igual. A veces me asusta que me cambien las cosas, las que yo considero mis cosas.
Creo que me estoy haciendo mayor.....

martes, noviembre 24, 2009

Una despedida temporal...


"Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren"
(Muriel Barbery)

Sentí el tintineo de las llaves al caer a mi bolsillo mientras nos besábamos. Aspiré con fuerza su perfume, ese aroma tan de ella durante estos últimos años y empecé a notar ya esa sensación de pérdida, de abandono. Ese vacío en el estómago y el vértigo de notar ya su ausencia. Siempre hay cuatro grados menos de temperatura al otro lado del control de pasaportes de un aeropuerto. Siempre hace más frío para el que despide que para el despedido.
Me quedé allí, esperando, en ese espacio gris en el que sólo hay prisas o alegría para el que se va y tristeza para el que se queda. Metí la mano en el bolsillo y toqué las llaves, las llaves de su casa, en la calle del Víctor. Ese ático reformado con tanta ilusión hace apenas dos años, con el propósito de ser un nido en el que cobijar una familia y un futuro.
No estarás huyendo? le había preguntado de camino al aeropuerto. Me asusta pensar que ha tomado el camino fácil, poner tierra de por medio, alejarse del problema y cerrar los ojos.
Me giré para marcharme ya, no la veía desde hace un rato y supuse que estaría esperando en la puerta de embarque. Sonó mi nombre amplificado por el eco y me giré: No estoy huyendo, sólo busco tiempo. Recuerdo esas palabras ahora, tres días después, y ahora sí las entiendo. Pasaré por la casa de la calle del Víctor a regar sus plantas y a recoger el correo, mientras ella persigue instantes, esperando encontrar tiempo.
Ojalá lo encuentre pronto...

lunes, junio 22, 2009

Primer domingo de verano...

Despertó el día con un sol espléndido, aún con esa bruma cargada de sal y nubes blancas de algodón. Los rayos de sol inundaban la blanca cocina mientras desayunábamos juntos, esa pequeña alegría que sólo ocurre dos veces a la semana.
Después comenzó la actividad, el frenesí. Habíamos pasado el sábado entero con las compras, los preparativos y esa ilusión de empezar las fiestas de San Juan con una comida en casa. A las once empezó a llegar la gente, con alegría y cargados con sillas, botellas y helados. La terraza se llenó de voces, de risas, de sonrisas lanzadas al aire, de pechos hinchados llenándose del aroma de las flores de magnolio que perfuma desde hace días el salón.
El mantel lo pusieron los hombres, al igual que la mesa. Las mujeres charlábamos atropelladamente, sobre el moreno del anuncio de Schweppes, el que sale con Nicole. Sobre los niños o, bien bajito, sobre nuestras parejas.
Me gusta recibir en casa, me gusta esa sensación de poco espacio, de bullicio, de encuentros en la cocina, de baños ocupados, de risas en el pasillo y de charlas junto al fregadero.
La paella hecha con tanto mimo, con tantas manos y con tanta vigilancia, que al final quedó salada.
El helado medio derretido porque no entraba en el congelador.
El vino fresquito, blanco, ansioso. Las cafeteras rebosantes, el tintineo de los hielos, los bombones con alma de cacao y esa planta bananera, disfrazada de regalo, que tanto tiempo llevaba buscando.
La tertulia hasta el atardecer, con una merienda improvisada con sobras y un poco de imaginación.
El sonido de la música del concierto, allí, tras la colina, dónde se posa el sol.
Embriagados de luz, de sol, de azahar y de jazmín dimos la bienvenida al verano.

miércoles, abril 08, 2009

Maldita primavera...



Sucede que me pierdo en las estaciones.

Me pierdo en esa hora que lleva prisa, robada a traición durante el amanecer, y que hace volver locos a los relojes.

Me pierdo en los espejos empañados, en el óxido de las espadas y en ese color morado, casi negro, de los tulipanes.

Sucede que me marea el intenso olor del azahar y de las flores de almendro.

Tengo vértigo de esas nubes que corren en un cielo engañoso, y flaqueo delante de la hierba recién cortada en los parques.

La primavera me mata.

Me agota esta astenia primaveral, a la que antes, de jovencita, le llamaban “amor” y no recetaban vitaminas…

jueves, marzo 12, 2009

Blanco...


Era el maestro de mi maestro, en realidad. No daba clases a alumnos nuevos, salvo excepciones. Durante un verano yo fui una de esas excepciones. Su casa, en Colón de Larreátegui, tenía un aire muy francés. El salón de atmósfera pesada y absorbente, las flores naturales, la ventana abierta al ruido de la calle. La sala de armas, clásica, enmoquetada. Con chimenea, espejos y armero. Un pequeño aseo, con ducha, hacía las veces de vestidor. Sus normas, estrictas. Chaquetilla blanca impoluta y guante limpio. Corregíamos posturas, día tras día. Espalda, brazo y piernas. La guardia como principio, como base. Muy clásica. Muy francesa. Muy baja de piernas. Muy alta de brazo. La técnica venía después, según él. Golpe recto, uno, dos. Fondo. Marchar y romper continuamente, hasta la extenuación. Hasta la perfección. Tenía la sensación de encontrarme en clases de baile, en lugar de con un arma en la mano. En ocasiones, el maestro, organizaba combates entre alumnos. Sólo daba las órdenes: en garde, pré, alé, alto, adelante. Pero nunca arbitraba. Código de honor, nada más. A la vieja usanza, como los verdaderos duelistas. Después de salir de allí solía ir al club. Mantenía las posturas clásicas y mi maestro sonreía, orgulloso. Los combates arbitrados y enchufados. La luz roja o verde marcaba el tocado, sin dejar lugar al honor, a declararse tocado o touché. Los arrestos que aplaudía mi maestro eran continuamente corregidos por el suyo. Demasiado moderno, solía decirme.
Hace poco me enteré de su muerte.
Le lloré. Siempre fue especial.

lunes, marzo 09, 2009

Rojo...

"De todos los lugares del pasado la memoria prefiere,
en ese amanecer o en esa noche, el rincón donde viven
los antiguos, inútiles futuros,y me levanto de la mesa
de los buenos amigos para abrazarme a lo que ya no existe,
para darle la mano a los remordimientos,
para cruzar por las conversaciones donde se habla de mí,
de la parte más negra del infierno que soy,
de las mentiras de mi nombre, de mi violencia
y mis asesinatos."
(Luis García Montero)


Le llaman El rojo en el pueblo. Tiene apellido judío aunque él jura que por sus venas corre sangre pirata. De los piratas que desembarcaron un día en la playa de Ispaster y violaron a sus mujeres. Así que es una mezcla de judío y pirata. No tiene padre, nunca lo tuvo. Tiene una edad incierta, es delgado, muy blanco, con gafas redondas y perilla de judío. Moreno de pelo y vegetariano. Aunque yo le he visto mordisqueando un fuet, sentado en el banco de madera que hay frente al cine nuevo, mientras su compañera sentimental no le veía. No tiene muchos amigos, pero es de conversación fácil.
Conozco al rojo desde finales de los ochenta. Muchos años atrás, durante una noche de sábado él junto con otro vecino del pueblo y un trabuco de un antepasado suyo, probablemente pirata, robaron la BBK de Ibarrangelu. Se llevaron todo el dinero que encontraron y El rojo lo escondió en su casa. Después, el destino, el transcurso de la investigación y un chivatazo hicieron que en pocos días El rojo y su compinche fueran detenidos. El dinero apareció íntegro escondido debajo de un colchón y el trabuco guardado en el camarote de la vivienda. Todo muy previsible.
Durante el juicio, El rojo confesó que había actuado con la idea de pertenecer a E.T.A y el robo de aquél banco sólo era su pase de entrada a la organización. La banda armada jamás asumió aquél acto pero El rojo pasó de ser juzgado como un preso común a ser juzgado y procesado como un preso político. Los años posteriores llegaron con nombres de cárceles diferentes cada cierto tiempo, por motivos de seguridad. Su compañera sentimental se recorrió cada una de ellas y, mientras, en el pueblo no se podía evitar alguna risa cuando alguien nombraba al rojo.
De aquellos años nunca le he oído hablar. La única referencia que hace de ellos es que, durante unas largas vacaciones, se leyó El sellor de los anillos y De parte de la princesa muerta una y otra vez, a modo de terapia. Suele estar en el bar El Zulo, tomando Coca-Cola light, no bebe alcohol, dando mitines desfasados y anacrónicos que, en su día, le valieron el mote de El rojo.
Junto con su compañera sentimental montó una tienda de máquinas de videojuegos y golosinas, en el local del antiguo supermercado, enfrente de la estación de autobuses. Cuando viene a Bilbao le gusta comer en el Iruña y siempre pide huevos revueltos. Y, detrás de las rocas, cuando no es verano, le puedes encontrar leyendo. Siempre el libro más grueso de la librería y, casi siempre, en su mano un bocadillo de chorizo de Salamanca. El mejor chorizo vegetariano del mundo entero...

jueves, marzo 05, 2009

Azul...

"En la boca del lobo estamos solos
y entre sus dientes
ya sabes lo que se siente
tan gastado como el viejo terciopelo
arrugado y olvidado en el fondo del ropero."
(Ariel Rot)
A veces, algunas veces, recuerdo aquellos días en los que comíamos castañas asadas sentados en el muelle de los frailes.
Aquellos días de verano, emborrachados de sol, cuando al atardecer atracábamos cerca de San Nicolás, entre Isuntza y Carraspio.
Tú pescabas barbarines con arpón.
(Pobres!).
Yo soñaba con pasar una noche en la isla.
(Pobre!)
A ratos, algunos ratos, recuerdo aquellas noches junto al faro de Santa Catalina.
Los amaneceres en el viejo aserradero.
Los días de gansos.
Los sábados de txoko.
Las mañanas de domingo con café y bollo de mantequilla.
A veces, algunas veces, pasado ya el tiempo, me acuerdo de muchas cosas.
Me siguen doliendo.
Recuerdo sobre todo el querer olvidar.
(Pobre!)

lunes, febrero 23, 2009

Doble perspectiva...


Aún no había cortinas en esa ventana cuando comencé a verle pasar.
Los fines de semana, al despertar, subíamos la persiana y, desde la cama, veíamos los árboles y el camino.
Era otoño y las hojas poco a poco iban dejando desnudos esos árboles que habían sido tan frondosos apenas hacía un mes.
Desde el principio reparé en él.
Ese camino es muy poco transitado y lleva directamente a un caserío desvencijado, al que le faltan tejas y al que le sobra maleza en el jardín.
Él iba en bicicleta, una BH de los años setenta, llena de óxido. Abrió la verja del caserío y entró. Así, fueron sucediendo los fines de semana.
Todos los sábados y domingos, mientras me desperezaba calentita en mi cama, le veía pasar por el camino en su bicicleta.
Después llegaron las cortinas, pero livianas para poder seguir viendo los árboles, el camino y al hombre de la bicicleta.
Llegó la primavera y los árboles comenzaron a llenarse de hojas, y los almendros de flores.
Su caserío seguía igual de viejo pero en el jardín la vida renacía.
Un día subí por el camino y me acerqué a la verja. “Cuidado con el perro” rezaba un cartel atado con una cuerda a la verja. El perro comenzó a ladrar, no le llegué a ver pero sonaba amenazante. Es todo lo que pude ver, el cartel, ni siquiera se veía el caserío desde el camino.
Había mejor perspectiva desde mi cama que desde la verja. Poco a poco, la primavera dio paso al verano, a las cerezas de su huerto, a los higos de esas higueras que se incorporaban hacia el camino y que un día me llamaban a gritos pidiendo ser salvados.
Los higos siempre me recordarán a mi padre.
Algunos días un coche aparca en el camino, alguien se baja y entra en el caserío. Algún amigo. Pero el hombre siempre va y vuelve en su bicicleta oxidada. Una mañana de hace unos días, paseando por el boulevard que da nombre a mi calle, de frente vi venir una bicicleta, una BH de los años setenta, llena de óxido. Subida en ella un hombre canoso, de unos setenta años. Ágil, con una cara amable surcada de arrugas. Al llegar a mi altura pude ver que llevaba un sonotone en la oreja derecha. Una sonrisa sincera iluminó su cara y un hola divertido salió de sus labios. Le devolví la sonrisa y me quedé con las ganas de preguntarle qué perspectiva es la que hay desde su huerto. Desde ese huerto que yo tan sólo intuyo e imagino. Con ganas de preguntarle si sabe que soy yo la que, en algunos días de septiembre, le robo los higos que asoman al camino.

jueves, febrero 28, 2008

Callejeros...


Todas las ciudades tienen de entre todos los seres que las habitan, algunos más especiales que otros. Me refiero a esos que, de alguna manera, se hacen notar a su paso. Son reconocibles e identificables aún entre una multitud. Algunos son hasta famosos, como Pascual, un simpático negrito al que se puede ver todos los mediodías de domingo cantando con su melodiosa voz, su sonrisa entrañable y sus piropos a todos los niños pequeños que le miran embelesados y tal vez, ilusionados. Pues Basilio, además de ponerle voz, ganas y alegría al Casco Viejo los domingos a la mañana y las tardes de entre semana, ejerce también una vez al año de Baltasar en la Cabalgata de Reyes del Ayuntamiento. Así que además contribuye a esa magia y misterio de un rey mago hecho carne. Y oficio.
En la entrada del metro de Plaza Unamuno, por las mañanas a primera hora, suele estar el protagonista de poner banda sonora a esa Plaza. Un asiático (no soy capaz de mojarme, no acertaría jamás el país) de ojos tristes y su violín. Cuando llegó hace unos tres años se puso en Gran Vía, pero enseguida encontró su lugar en la zona bohemia. Él es frenesí, nervio puro. Pero ojos meláncolicos. Llegó desafinando pero enérgico. Hoy, no desafina. Emociona. A veces, es tan frenético que se le vuelan las partituras. Una vez se las recogí y pude ver más de cerca esos ojos. Seguían igual de tristes. Me gustaría conocer su historia. Imagino que cuando puede come anguila los domingos.
En la fuente del Perro, un hombre abotargado y bañado en alcohol aúlla por las noches, rompiendo el silencio con su dolorosa y quebrada voz. Ese mismo hombre, hace ya bastantes años cantaba a Sabina y Police con esa misma guitarra y otro alma. Y tenía público, sobre todo chicas. Era hasta guapo, pero la vida le ha maltratado. No creo que pase de los cuarenta.
Luego, está Él. Él es ya un anciano. Yo le recuerdo desde siempre. Va con paso decidido, con prisa. Bien vestido. Elegante. Y recita una lista interminable. Son nombres y apellidos. Los recita de memoria, sin titubeos. No sé la historia. Contaban que quizás trabajó en alguna de las navales en la época de la reconversión industrial y esa lista de nombres eran los despedidos. Tal vez Él era el capataz.
El otro día le ví, y me sorprendió. Normalmente se le oye antes de verle. Su voz potente le precede, su lista de nombres. Yo estaba en la acera esperando el verde de un semáforo y oí hablar. Era Él: "De quién es el Titanic, el barco más grande del Mundo? Pues mío, de quién va a ser!". Y qué ha pasado con la lista? con esos nombres? y el Titanic a estas alturas?

lunes, febrero 11, 2008

Ay, mi Bilbao...



Supongo que lo que tengo es tristeza. Antes vivíamos en una casa con un mirador lleno de geranios en el Casco Viejo. En un edificio de madera, con su escalera de madera. Un piso bohemio, con vigas vistas. Coqueto. En una calle peatonal, pero en el centro del mundo. Todo estaba cerca y todo estaba a mano. Bilbao es un botxo y se llega andando a donde quieras.
Necesitábamos un piso más grande, más nuevo. Más cómodo y caliente. Así que empezamos a mirar obra nueva y aquí estamos. Fuera de Bilbao. O comprábamos al lado del Gugghenheim (demasiado barato), o en las torres Izozaki (aún más barato) o aquí, junto a la ría. Y compramos aquí. Junto a la ría. Junto a esas grúas que este verano me parecieron tan románticas y que, ahora, en ocasiones las veo amenazantes.
La casa es bonita y nosotros nos queremos. No tenemos mirador pero tenemos una gran terraza que intentaré llenar de flores y de verde. Pero al mirar por la ventana veo el verde de los árboles y el azul del cielo.
Y yo echo de menos los tejados color tierra, la niebla gris, el ruido de la gente. Echo de menos la vida. Esto es una zona residencial, peatonal también. Con la ría enfrente y el monte detrás. Paseando no se llega muy lejos, al Puente Colgante y poco más. No hay un Zara, ni una perfumería al volver la esquina. Si cojo el metro, que lo tenemos cerca de casa, en ocho paradas estoy en el centro. Diez minutos. Vivo a diez minutos de Bilbao. No es mucho, pero para mi lo suficiente para estar triste. Lo suficiente para añorar mi Bilbao, las calles ruidosas, la gente, los bares, el ruido, las tiendas, el alma de la poesía de Bilbao...
Y YO ME IRÉ
Bilbao. Me voy ya pronto,
y no sé si volveré.
Esta vez llevo mis libros,
mis discos, y otras chanfainas
menudas. No volveré.
Te padecí hasta el ahogo,
Bilbao: tu cielo, tus casas
negras. Y tu hipocresía.
No, no volveré.
Quemaste mi juventud
como un trapo viejo. Un día,
me rebelé. Vi, y volví.
No, no volveré.
Me laceraste hasta el fondo
del alma. Me arrebañaste
la ilusión: no el entusiasmo.
Insistí hasta lo inverosímil.
Eso me salvó. Rompí
la puerta, y me fuí. Y volví.
No, no volveré.
Labrad, amigos,
un túmulo a mi ausencia (si
es plagio, mejor) Si muero,
Dejaré el balcón abierto:
no sé si en Cuba, en Madrid,
en Moscú, en París. No sé
dónde. Pero lo que sé
seguro, es que me voy. Y
no volveré.
(Blas de Otero)

viernes, noviembre 23, 2007

Ariel Rot...Oh!


De pequeña suspiraba por él. Tan delgado. Tan vital. Tan guapo.
Siempre me llamó la atención que se llamara igual que el detergente que usaba mi madre.
Antes, mucho antes de Skip.
Me enteré tarde que actuaba en Leioa hoy. Cuando uno pasa una temporada en el infierno, en esa tierra de nadie en la que sólo hay cajas y no hay orden ni concierto ni tampoco internet, pues o bien no se entera de las cosas o se entera tarde.
Fue mi caso... Ariel Rot en Leioa. Entradas agotadas.
Mala racha la mía con las entradas, eh?
Llamé a Lenna. Le dije: mueve tus hilos. Y los movió..vaya que los movió!.
Le llamó a un amigo de la cuadrilla que alguna vez se había jactado de ser íntimo amigo del alcalde de Leioa.....
Al cabo de media hora teníamos dos entradas.
Su amigo, no el alcalde, sino un concejal que luego resultó ser exconcejal, nos dejó en un sobre ese mismo día dos entradas para ver a Ariel Rot.
En la fila cuatro del Auditorium.
Gratis. Sin preguntas.
Sin sudores.
Sin esfuerzos.
Sólo por ser conocidas de un amigo de un exconcejal de un ayuntamiento de un pueblo.
Lo cuento porque me han dicho que no lo cuente.
Pero estas cosas hay que contarlas, verdad?
Luego hay que oir que nos europeízamos.
Esto es un pueblo, leñe! Me apuesto algo a que hoy aquello estará lleno de jubilados y de amigos [con camisa de cuadros y txapela] del alcalde y de cuanto concejal y exconcejal se tercie.
Ariel Rot??? who?
Alguien es amigo de algún amigo de Bruce ?

jueves, octubre 11, 2007

Arte, vinos y shopping...


Hoy comienza en el Guggenheim la exposición "ART IN USA: 300 años de innovación" (11 octubre 2007 - 27 abril 2008)
Art in the USA: 300 años de innovación pretende dar una visión de conjunto del arte de una nación que lucha por definirse. 200 obras de arte nos muestran el resultado de la experiencia no.
Ésta es una exposición organizada conjuntamente por la Solomon R. Guggenheim Foundation y por la Terra Foundation for American Art que mostrará una atractiva selección de aproximadamente 200 obras procedentes de diferentes colecciones privadas y públicas de Estados Unidos. La exposición se exhibirá en cuatro sedes, dos de las cuales estarán en China (Beijing y Shanghai), convirtiéndose así en la exposición más importante de arte americano jamás vista en este país; la tercera sede será Moscú y la cuarta el Museo Guggenheim Bilbao. Dividida en seis períodos históricos, USArt demostrará cómo el arte de cada época fue reflejo, y al mismo tiempo contribución, a una compleja narración visual de una nación durante un período de descubrimiento, crecimiento y experimentación.rteamericana: sus mitos, sueños, dificultades y debilidades.
Además con motivo del décimo aniversario illycaffè invita a los visitantes a una degustación de café espresso que tendrá lugar en el Atrio (de 10:00 a 20:00 h).
En el Bellas Artes, el Museo, comenzó el pasado 8 de octubre la exposición "Poussin y la Naturaleza".
La exposición que reúne unas ochenta piezas que permitirán al público comprender tanto la evolución estilística de Poussin como la transformación de su pensamiento estético al enfrentarse a una naturaleza, a veces salvaje, otras, doméstica, que el pintor representó como pocos artistas de su tiempo. La dirección científica del proyecto está a cargo de Pierre Rosenberg, Presidente-Director honorario del Museo del Louvre y uno de los más reputados especialistas en la obra del pintor francés, quien ha preparado una selección de pinturas y de dibujos que presentarán por primera vez en nuestro país y en los Estados Unidos las aportaciones de Poussin a la pintura de paisaje.
También en el mismo museo y hasta el 28 de noviembre "Entre Picasso y Dubuffet". La Colección Jean Planque.
La exposición reúne 130 obras destacadas del coleccionista suizo Jean Planque (1910-1998), apasionado connaisseur que trabajó como asesor de la prestigiosa Galería Beyeler de Basilea.
Entre los artistas representados, algunos de los más importantes del pasado siglo, están Pierre Bonnard, Paul Cézanne, Edgar Degas, Robert y Sonia Delaunay, Jean Dubuffet, Paul Gauguin, Juan Gris, Paul Klee, Fernand Léger, Manolo Millares, Claude Monet, Pablo Palazuelo, Pablo Picasso, Odilon Redon, Pierre-Auguste Renoir, Georges Rouault, Antoni Tàpies, y Vincent Van Gogh.
Hoy, también, el día de la Virgen de Begoña, nuestra amatxu, es el Día del Txikitero.
Instituida en 1964, por el añorado DON EPI (Epifanio Mezo, a la sazón párroco de la Basílica Catedral del Señor Santiago y buen txikitero) en el día 11 de octubre, con el propósito de dedicar un recuerdo anual a los txikiteros fallecidos coincidiendo con la conmemoración de la festividad (no feriada) de la Patrona de Bizkaia, la Amatxu de Begoña, la FIESTA de los TXIKITEROS, a la que progresivamente se ha ido dotando de mayor trascendencia y contenido, es un homenaje a los hombres y mujeres que han sabido mantener la costumbre del txikiteo, como una forma típicamente vasca de relación cívica, de vital importancia para garantizar la pervivencia de la solidaridad y la cohesión social, y un acto de reivindicación festiva de los beneficios morales que ello comparta tanto para la persona como para la colectividad.
Ahí queda eso, los txikitos de superficiales nada, eh?
Por si fuera poco, el día 13 de octubre, sábado, se anuncia como día del Shopping y el eslogan publicitario es el siguiente "Toda la ciudad para tí". Eso tiene que ser malo para la Visa, verdad?
Ah! y en el Arenal y hasta el 21 de este mes la colección Colores del Mar . Una exposicion que recoge 37 fotografías, una escultura, un montaje flotante y una serie de fragmentos de poesías de Gabriel Aresti, Blas de Otero y Kirmen Uribe (entre otros) y tiene como objetivo llevar la poesía a la calle.
Así que, para los que no nos vamos de puente, se presenta un fin de semana repleto de actividades...

miércoles, octubre 03, 2007

Diccionario de la lengua bilbaína...

Éste es un diccionario de la lengua bilbaína. Una guía imprescindible para andar por aquí y por allí en Bilbao. Superprecisa. Con sinónimos, antónimos y todo eso. Una pasada de guía.

AGUR – Que se va. Que igual vuelve luego pero ahora se va..
AGUA DE BILBAO – Vino espumoso que tomamos en Bilbao y… sin darle importancia
ALIRÓN – Palabra que rima con camión para animar al Athletic… aunque el equipo gana sin que se le ayude.
ANGULA – Pececillo caribeño que nada hasta nuestra ría para ser degustado. Más caro que el caviar. También mejor.
AUPA! – (Mensaje Complejo) Como que todo va bien (saludo), pero no se desea conversación seria alguna, ni relación estable. Combinado con el Athletic quiere decir "A ganar como siempre y tal".
AZUL BILBAO – Fórmula precisa. Una pizca de azul cobalto añadida a un poquito de añil, mogollón de blanco titanio...y todo eso bien batido...en Bilbao.
BACALAO AL PIL PIL – Un pez nórdico cocinado con una salsa que lleva el nombre de un barco de la ría...
BILBAO – Increíble histórica ciudad de 7000 años, bañada por el Océano Cantábrico y una lujosa ría.
BOLLO DE MANTEQUILLA – Un bollo de mantequilla (invento bilbaíno). Por ejemplo de Zuricalday.
CASTAÑA – Tener media castaña. La mitad de la castaña completa, que es una pasada.
CHAPURREAR – Cualquier idioma hablado que no sea el nuestro...o algo ininteligible...sucede muy a menudo.
CHIPIRONES – Jibiones. Como los txipis encebollados pero en plan negro.
CHURRI – Sinónimo de Chuski y Pitxín. Palabras aduladoras que favorecen la relación...o lo intentan .
DE BILBAO DE TODA LA VIDA – Segunda generación nacida en Bilbao...por lo menos...o casi.
DO – Todo lo que acaba en"O". El Hispano parlante lo hace finalizar en "DO" y de aquí viene el problema.
EFECTO 2000 – No nos concierne.
INSUSTANCIAL – Ganorabako. Como sin sustancia. Como que sale sin gabardina cuando llueve.
IRRINTZI – Grito agudo de guerra, hoy relegado al folklore. Los tuaregs quisieron copiar el espíritu de este chillido desgarrado y hoy van vestidos de azul bilbao gritando por ahí sin fuste...una pena.
IXILIK – A callar que si no te doy.
ITURRI – La mejor manera de nombrar a las chapas de la Coca-Cola.
JAMADA – Comida de Txoko. Nada es bueno si es en exceso (Marqués de Sade)...y nada..aquí estamos.
KALIMOTXO – Ni probar.
KATXI – Vaso para el kalimotxo y otros.
KILI-KOLO – Es un estado que ni sí ni no sino todo lo contrario.
KUKURUTXU – La puntita del barquillo.
LARRI – Como fastidiadillo pero no tanto.
LASTANA – Querida mía/o (en presencia del sujeto). Lo dicen las abuelas a los niños y algún que otro pelota.
MARMITAKO – Bonito con patatas. Se le ha puesto este nombre para que parezca otra cosa y...es otra cosa.
METRO – Tren subterráneo típico de Bilbao...en el Mundo hay alguno más...perooooo...no con la precisión del aparato bilbaíno...más o menos.
MOJOJONES – Mejillones.
MUCHO CUIDADITO – Asunto serio. Recomendamos prudencia a partir de la frase. Ojo al charco.
OCHOTE – Ocho tíos de Bilbao cantando.
ONDO – Respuesta. Estoy o me siento de cine. Fenomenal...referido a salud, dinero y cosas así, no a la pasarela.
OTA – Como en el colegio. Si te cogen te mandan una nota a casa para que se enteren todos por si acaso.
PASTEL DE ARROZ – Invento bilbaíno que los chinos han acogido con inusitado fervor...no sabemos todavía por qué.
PASTOR DEL GORBEA – Hombre del tiempo local, con toques agropecuarios, que acierta la tira...algunas veces.
PESTE – Pesado, pero tampoco demasiado...inclusive majo. También meticuloso.
PISCOLABIS – Ligero tentempié para hacer tiempo a la jamada.
PICHICOMA – De "peach convert". Indeseable. Si a uno le llaman eso...el asunto está feo.
PITXÍN – Apelativo pelota para conseguir algún favorcillo.
POTXOLO – Como mofletudo con lazo o así. También majo/a. Muy majo/a.
PORRUSALDA – Se toma cuando estás larri.
POTEO – (en extinción) Riada de vinos. Cuna del cante bilbaíno.
POTINGUE – Lo que sea de beber o cremoso de buen o mal olor.
PUES? – Parece que no, pero se ha enterado de todo.
QUE QUIERES QUE TE DIGA? – Frase desconcertante de la que no conocemos el significado. Estamos en ello.
QUIÉN ES QUIÉN? – Si sale este asunto, a cambiar de tema.
RABAS – Calamares, pero de Bilbao.
RECONVERSIÓN – Asunto sospechoso hasta que se vea como acaba...por ahora va bien...parece...seguro...así que...
RECOPÓN – Palabra superlativa, como King Size, o sea super grande. El origen de esta palabra viene de la costumbre del equipo local de fútbol de ganar consecutivamente copas y ligas.
SARDINITAS DE SANTURCE – Sardinas asadas.
SIN FUSTE – Lo que hacen los insustanciales y ganorabakos, como comer a las cinco y todo eso.
SIN MÁS – Final de frase. No se sabe muy bien el significado. Los filólogos andan detrás de ello.
SINSORGO – Bilbaíno que hace que la vida parezca más fácil.
SIRIMIRI – No sabemos. Ya no hay, aunque antes había la tira o más.
SOLDARRÓN – Tortazo básico, como el pastel vasco (gateaux basque) pero en plan tortazo.
SORNA – Lenguaje indirecto. Ironía, chufla, sarcasmo. Invento bilbaíno que posteriormente ha sido utilizado por algunos señores británicos con resultados diferentes…ya se sabe… segundas partes…
TEMA – El tema. Cualquier cosa que no queremos nombrar con apellidos, o que no sabemos de qué estamos hablando.
TENDRÍA – Tuviera o tuviese.
TRAGO – También traguito. De influencia suramericana.
TRANVÍA – Tren de superficie sin fundamento...que va de aquí para allá, pero sin estaciones y así...sin fuste...también típico de Bilbao. Hay otros en San Francisco, Frankfurt, Australia y por ahí...¡Pero...!
TÚ CREES? – Estás equivocado, so zoquete.
TXATXALA – Revoltosa, salsera. Que no para de hablar y/o hacer..y eso.
TXOTXOLO – Tiene miedo del pasado, presente y futuro. Va mucho a balnearios y tal, y no da ni golpe.
TXIKI – Apelativo para llamar a cualquier persona para que te haga un favor pequeño y así.
TXIRENE – Como ocurrente y graciosillo y todo eso.
TXOKO – Templo sagrado donde se celebra el ritual de las jamadas.
TXU – Terminación diminutiva para aplicar al nombre cuando se pide un favor o uno va suave.
ZURITO – Pequeña dosis de cerveza que permite estar más tiempo de poteo que con la típica caña.

lunes, septiembre 24, 2007

Absolute Beginners...

En el barrio de Gros, en Donosti, está el Aloña Berri. Joserra Elizondo, el mismo que ha escrito el libro Aloña: Solo Pintxos, atiende cordialmente tras la barra. Explica amablemente cual es el ingrediente de cada pintxo. Pacientemente.
Brandada de bacalao sobre tartaleta de hojaldre con huevo de codorniz escalfado, salsa holandesa y un toque de gratinado. Milhojas de patata, hongos y foie con fina lámina de manzana quemada con soplete. Queso de cabra con higo y nueces. Solomillo de bonito macerado en aceite de oliva a la plancha , de un bonito que pesaba diecinueve kilos, nos explicó. Pulpo con salsa ali-oli. Además también prepara un riquísimo vermouth rojo que a la pregunta de qué lleva esto que está tan rico? el buen hombre te cuenta que le echa un poquito de cava .
Cerca del Aloña se encuentra el Bergara, en el que el pintxo que nos habían recomendado era el Txalupa, una barquita de hojaldre con setas y gambas gratinadas. Y que disfrutamos acompañadas de unas copas de Pago de Carraovejas, un vino tan difícil de encontrar como fácil fue hacerlo allí.
En el Mil Catas, una vinoteca muy especial la estrella fue el bombón de foie con mermelada de manzana y cerezas acompañado de un Enate.
Nos gustó mucho la visita a Gros y la hemos incluido en nuestra pequeña guía para próximas visitas. Donosti es más que la parte vieja, gastronómicamente hablando.
En la imagen, el postre: la firma de Paul Auster.
"I've nothing much to offer
There's nothing much to take
I'm an absolute beginner"
(David Bowie)