lunes, febrero 11, 2008

Ay, mi Bilbao...



Supongo que lo que tengo es tristeza. Antes vivíamos en una casa con un mirador lleno de geranios en el Casco Viejo. En un edificio de madera, con su escalera de madera. Un piso bohemio, con vigas vistas. Coqueto. En una calle peatonal, pero en el centro del mundo. Todo estaba cerca y todo estaba a mano. Bilbao es un botxo y se llega andando a donde quieras.
Necesitábamos un piso más grande, más nuevo. Más cómodo y caliente. Así que empezamos a mirar obra nueva y aquí estamos. Fuera de Bilbao. O comprábamos al lado del Gugghenheim (demasiado barato), o en las torres Izozaki (aún más barato) o aquí, junto a la ría. Y compramos aquí. Junto a la ría. Junto a esas grúas que este verano me parecieron tan románticas y que, ahora, en ocasiones las veo amenazantes.
La casa es bonita y nosotros nos queremos. No tenemos mirador pero tenemos una gran terraza que intentaré llenar de flores y de verde. Pero al mirar por la ventana veo el verde de los árboles y el azul del cielo.
Y yo echo de menos los tejados color tierra, la niebla gris, el ruido de la gente. Echo de menos la vida. Esto es una zona residencial, peatonal también. Con la ría enfrente y el monte detrás. Paseando no se llega muy lejos, al Puente Colgante y poco más. No hay un Zara, ni una perfumería al volver la esquina. Si cojo el metro, que lo tenemos cerca de casa, en ocho paradas estoy en el centro. Diez minutos. Vivo a diez minutos de Bilbao. No es mucho, pero para mi lo suficiente para estar triste. Lo suficiente para añorar mi Bilbao, las calles ruidosas, la gente, los bares, el ruido, las tiendas, el alma de la poesía de Bilbao...
Y YO ME IRÉ
Bilbao. Me voy ya pronto,
y no sé si volveré.
Esta vez llevo mis libros,
mis discos, y otras chanfainas
menudas. No volveré.
Te padecí hasta el ahogo,
Bilbao: tu cielo, tus casas
negras. Y tu hipocresía.
No, no volveré.
Quemaste mi juventud
como un trapo viejo. Un día,
me rebelé. Vi, y volví.
No, no volveré.
Me laceraste hasta el fondo
del alma. Me arrebañaste
la ilusión: no el entusiasmo.
Insistí hasta lo inverosímil.
Eso me salvó. Rompí
la puerta, y me fuí. Y volví.
No, no volveré.
Labrad, amigos,
un túmulo a mi ausencia (si
es plagio, mejor) Si muero,
Dejaré el balcón abierto:
no sé si en Cuba, en Madrid,
en Moscú, en París. No sé
dónde. Pero lo que sé
seguro, es que me voy. Y
no volveré.
(Blas de Otero)

7 comentarios:

Hache dijo...

Yo me fui huyendo de la gran ciudad. Ahora veo árboles, montañas, tengo un río a menos de 100 m de casa. Mi vida ha cambiado. Quiero vivir en paz y en silencio, el máximo posible.

Pero poco a poco he ganado algo. Ahora voy a Madrid en plan amiga, de turismo, a disfrutar de lo que antes me hacía la vida imposible.

Aprende a alternar los dos lugares, uno para descansar y vivir mejor, otro para disfrutarle a tope.

Que la nostalgia tiene su "puntito"...

Juanjo dijo...

No me gusta que estés triste, y eso es suficiente para venir a dejarte un abrazo.
Nada de lo que te cuente te podrá consolar; pero me ha gustado la frase "La casa es bonita y nosotros nos queremos". Ahora falta que queráis hacer de esa casa un hogar, y lo demás vendrá solo.

Besos.

Sonia dijo...

Me ha encantado como lo has descrito, y los diez minutos...
Buen blog.
Un saludo
(gracias a Hache y a Eva la red se hace para mi un poquito más interesante y extensa)

Pedro (Glup). dijo...

Me enterneces, Camille.
Ay.

(Blas eras un triste, un hombre atormentado, ni siquiera era un gran poeta. Era de Bilbao, sí, pero ahí termina la historia)

UN RELÁMPAGO APENAS

Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,

me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,

tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brisas y la rozas con tu beso.

Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.

(Blas de Otero)

Camille dijo...

Hache,
Bilbao es tan pequeño que aunque vivas fuera estás cerca. Al menos, eso es lo positivo. También hemos apostado por esta zona, ahora tan sólo hay que adaptarse..Ay!

Juanjo, gracias por el abrazo. Eres un sol!

Sonia, gracias por tu visita y por tus comentarios.

Pedro. Sí, se te nota de lo más tierno ;)
Los mejores poemas siempre se escriben desde las peores tormentas.

Ricardo Colomer dijo...

¿qué tendrá Bilbao? Yo nací allí hace 37 años, pero solo estuve un par de ellos. Simplemente he ido por visitar a familiares, pero no sé, algo me hace sentirme como en casa, algo me arropa en Bilbao. Algo mío es de Bilbao y Bilbao es algo mío.

Tarea para hoy:

Ver este Blog hasta el final, me ha encantado lo poco que he leido.

Besos de un cacereño nacido en Bilbao.

anaiv dijo...

Precioso blog, realmente "engancha" :-)
Coincido con vos en esto que escribiste: "Los mejores poemas siempre se escriben desde las peores tormentas".
Te saluda desde Argentina.
Anaiv