lunes, junio 22, 2009

Primer domingo de verano...

Despertó el día con un sol espléndido, aún con esa bruma cargada de sal y nubes blancas de algodón. Los rayos de sol inundaban la blanca cocina mientras desayunábamos juntos, esa pequeña alegría que sólo ocurre dos veces a la semana.
Después comenzó la actividad, el frenesí. Habíamos pasado el sábado entero con las compras, los preparativos y esa ilusión de empezar las fiestas de San Juan con una comida en casa. A las once empezó a llegar la gente, con alegría y cargados con sillas, botellas y helados. La terraza se llenó de voces, de risas, de sonrisas lanzadas al aire, de pechos hinchados llenándose del aroma de las flores de magnolio que perfuma desde hace días el salón.
El mantel lo pusieron los hombres, al igual que la mesa. Las mujeres charlábamos atropelladamente, sobre el moreno del anuncio de Schweppes, el que sale con Nicole. Sobre los niños o, bien bajito, sobre nuestras parejas.
Me gusta recibir en casa, me gusta esa sensación de poco espacio, de bullicio, de encuentros en la cocina, de baños ocupados, de risas en el pasillo y de charlas junto al fregadero.
La paella hecha con tanto mimo, con tantas manos y con tanta vigilancia, que al final quedó salada.
El helado medio derretido porque no entraba en el congelador.
El vino fresquito, blanco, ansioso. Las cafeteras rebosantes, el tintineo de los hielos, los bombones con alma de cacao y esa planta bananera, disfrazada de regalo, que tanto tiempo llevaba buscando.
La tertulia hasta el atardecer, con una merienda improvisada con sobras y un poco de imaginación.
El sonido de la música del concierto, allí, tras la colina, dónde se posa el sol.
Embriagados de luz, de sol, de azahar y de jazmín dimos la bienvenida al verano.

miércoles, mayo 27, 2009

Rompemos relaciones...

"Para qué sirven los versos si no es para esa
noche
en que un
puñal amargo nos averigua, para ese
día,
para ese crepúsculo, para
ese rincón roto

donde el golpeado corazón del hombre se dispone a
morir?"

(Neruda)

Tu sangre, y no la del toro, atrae a multitudes. Tachado de loco suicida por muchos. Encumbrado por la crítica. El verdadero toreo, la grandeza del arte de matar. La valentía, el arrojo. No hay miedo. No hay dolor. El morbo de ver si en una de esas corridas a vida o muerte, es el toro el invencible. Si es la espada la que entra en tu pecho o si el asta mata al toro. Sangre.
Pero no hay nada tan prosaico, tan eterno, tan grande ni tan noble....

«Bilbao no debe de tratar ni con chamarileros, ni con vendedores de feria. Vista Alegre es una plaza de toros seria. Desde que iniciamos las negociaciones en noviembre hasta el pasado fin de semana ha llovido mucho. Es tiempo más que suficiente para cansarse. Todo han sido exigencias y condicionantes por parte del matador: los toros, los toreros que completarían el paseíllo, las fechas, los honorarios, la televisión. En cualquier otro sitio le hubieran mandado a hacer puñetas rápidamente. Para nosotros, su contratación era vital pero, insisto, las diferencias económicas han sido insalvables». (Luis Díaz de Lezana, presidente de la Comisión Taurina de Vista Alegre)

jueves, mayo 21, 2009

Primero la verdad que la paz...


“¡Oh mi Bilbao, mi Bilbao,
mi dulce pasado!, ¿no eres
tú acaso toda la eternidad de mi
porvenir?"
(Unamuno)
Al Rectorado, en la calle Libreros, se llega una vez encontrada la famosa y sospechosa rana en la fachada de la Universidad. Hay un timbre, que sólo se puede tocar cinco minutos antes de cada fracción de media hora. Se abre el enorme portón de madera y una señora, que bien podría ser la tía Tula, explica muy bajito las normas y las instrucciones. El portón se cierra de nuevo y reabre exactamente a y treinta o a en punto. Fuimos afortunados o madrugadores y la visita la hicimos sólo nosotros, con la tía Tula. Me quedaba pendiente ver su casa, la casa dónde vivió y, aunque murió en otra, dónde están sus cosas, sus pertenencias, sus libros, su cama de hierro. Aquella vieja maleta con la que un día salió de Bilbao a Madrid, para estudiar. Su toga de rector, su baraja de cartas. Sus pajaritas de papiroflexia. Su alma.
Tula, que la imagino también soltera, hablaba con devoción, admiración, vocación y emoción de él. Recitaba los nombres de sus nueve hijos, de su amada esposa. Esperaba paciente y callada a que avanzáramos en aquél lugar en el que hubiéramos pasado una semana si nos hubiesen dejado.
Su biblioteca con los libros que leía, en catorce idiomas, y los que le habían dedicado sus amigos. Primeras ediciones. Libros salvados tantas veces que se notaba, aún a través del cristal, el dolor en sus páginas amarillas. Fotografías de Él, de su familia, de Bilbao, del Cántabrico. Cómo no tener morriña en aquél pasillo, sobre esas escaleras o a través de esas ventanas.
Se me llenaban los ojos de lágrimas al oir a Tula. Esa pasión camuflada de profesionalidad la delataba a cada paso por aquella casa. No sé si fue fruto de nuestras confidencias sobre que antes vivíamos junto a la calle Ronda, dónde él nació, y sobre nuestros paseos por El Paseo de los Caños lleno de tilos. O fue fruto del tremendo poder que ejerce sobre los adultos nuestra tercer miembro de la familia, pero Tula nos enseñó la zona no incluída en la visita. La zona cerrada a los visitantes, que es dónde los estudiosos de Unamuno trabajan cada día. Menos personal e íntima que el Rectorado, era en su momento la verdadera casa, la que cobijaba la cocina, las habitaciones de los hijos. Ahora eran oficinas, con fotocopiadoras, libros, carpetas y mesas.
Nos despedimos de Tula, la media hora había pasado. Es amable. Quizás volvamos.
Al salir de la casa, un fogonazo de ese color ocre que tiene la piedra en Salamanca. Esa piedra que recuerda a Florencia o Siena, que hace parpadear y que, irremediablemente, hace añorar el mar...

martes, abril 21, 2009

Asador Ripa...



El Ripa, en el muelle de Ripa, es uno de esos sitios míticos del Botxo. Uno de esos lugares a los que volver cuando se busca un respiro de las espumas, los risottos y los platos deconstruidos. Junto con El Kerren, otro asador mítico, creo que es de esos pocos restaurantes en los que el recuerdo no supera al presente.

Decorado de manera humilde, de estilo marinero, sigue conservando ese sabor de la vieja villa, cuando aún no era cosmopolita ni había turistas. Una mesa con mantel de cuadros, paredes de madera y una carta de dos hojas nada más, con el "fuera de carta" cantado por la voz de la camarera. Un lugar sin maitre. Sin sumiller.

Sota, caballo y rey.

Gambas de huelva, besugo y txuletón. A la brasa. Todo ello regado con un Dominio de Valdepusa Syrah 2002 del Marqués de Griñón, al que le tuvieron que quitar el polvo a la botella.
De postre suflé de chocolate e Idiázabal con membrillo.

Afortunadamente, aún no aparece en las guías y tan sólo había dos mesas más ocupadas.
Cien por cien recomendable. Cien por cien genuino y auténtico.

miércoles, abril 08, 2009

Maldita primavera...



Sucede que me pierdo en las estaciones.

Me pierdo en esa hora que lleva prisa, robada a traición durante el amanecer, y que hace volver locos a los relojes.

Me pierdo en los espejos empañados, en el óxido de las espadas y en ese color morado, casi negro, de los tulipanes.

Sucede que me marea el intenso olor del azahar y de las flores de almendro.

Tengo vértigo de esas nubes que corren en un cielo engañoso, y flaqueo delante de la hierba recién cortada en los parques.

La primavera me mata.

Me agota esta astenia primaveral, a la que antes, de jovencita, le llamaban “amor” y no recetaban vitaminas…

miércoles, marzo 18, 2009

Feliz día...

Tengo el recuerdo borroso de unas zapatillas de cuadros entre nebulosas de humo de Ducados.
Unas poesías rimadas sin prisa, en las tardes, cuando caían los versos sobre los tomates del huerto.
Sus dibujos a carboncillo.
El estanque que un día lo llenó de nenúfares y más tarde de ranas.
Los pastelillos que hacía mi madre para desayunar con chocolate caliente.
Las carolinas del mediodía, en la bandeja de pasteles.
Tengo el recuerdo de sus ojos verdes enmarcados en aquél mar de pestañas que los cobijaba.
Su voz que aún, cerrando los ojos por las noches, la oigo.
Feliz día.
Feliz día para todos los padres, en especial para el que vuelvo a tener en casa, aunque no sea el mío.

lunes, marzo 16, 2009

Aire libre...


Si, como dice el bolero, veinte años no es nada, qué o cuánto son treinta años?. Hoy, a las siete y media de la tarde en la biblioteca de Bidebarrieta. Treinta años de su muerte. Me hubiera gustado conocerle, pasear con él y mirar escaparates juntos. Vendrá alguien detrás de estas palabras a decir que fue un triste. Pero acaso no hay que ser triste e incluso un poco moñas para escribir poemas que derritan el alma?, acaso no hay que irse a Madrid, en ocasiones, para llorar Bilbao?. No se quedaba pequeño el vate, Neruda, cuando escribía sobre Chile o sobre Matilde?. Pues eso...
Un brindis por Blas, que sonreía de lejos a los árboles y escupía sobre los curas...
Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...
También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.
Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.
(Aire libre, Blas de Otero)