jueves, marzo 12, 2009

Blanco...


Era el maestro de mi maestro, en realidad. No daba clases a alumnos nuevos, salvo excepciones. Durante un verano yo fui una de esas excepciones. Su casa, en Colón de Larreátegui, tenía un aire muy francés. El salón de atmósfera pesada y absorbente, las flores naturales, la ventana abierta al ruido de la calle. La sala de armas, clásica, enmoquetada. Con chimenea, espejos y armero. Un pequeño aseo, con ducha, hacía las veces de vestidor. Sus normas, estrictas. Chaquetilla blanca impoluta y guante limpio. Corregíamos posturas, día tras día. Espalda, brazo y piernas. La guardia como principio, como base. Muy clásica. Muy francesa. Muy baja de piernas. Muy alta de brazo. La técnica venía después, según él. Golpe recto, uno, dos. Fondo. Marchar y romper continuamente, hasta la extenuación. Hasta la perfección. Tenía la sensación de encontrarme en clases de baile, en lugar de con un arma en la mano. En ocasiones, el maestro, organizaba combates entre alumnos. Sólo daba las órdenes: en garde, pré, alé, alto, adelante. Pero nunca arbitraba. Código de honor, nada más. A la vieja usanza, como los verdaderos duelistas. Después de salir de allí solía ir al club. Mantenía las posturas clásicas y mi maestro sonreía, orgulloso. Los combates arbitrados y enchufados. La luz roja o verde marcaba el tocado, sin dejar lugar al honor, a declararse tocado o touché. Los arrestos que aplaudía mi maestro eran continuamente corregidos por el suyo. Demasiado moderno, solía decirme.
Hace poco me enteré de su muerte.
Le lloré. Siempre fue especial.

20 comentarios:

Kelo dijo...

Estilo enumerativo. Rapido. Bueno. Elegante. ;-)

AdR dijo...

Últimamente te siento por tus letras muy nostálgica. Y es algo que me gusta mucho, tu trilogía de color se hace agradable y fluida de leer.

Besos

elo-cocina dijo...

Estás escribiendo de una forma muy Clara y directa, me agrada.
Si es verdad que se adivina un halo cuasi imperceptible de nostalgia.

Para trivilizar un poco y no ponernos solemnes: el blanco es mi color, mejor dicho el de mi equipo preferido, y estoy orgulloso de él, hasta cuando llueve en abundancia, deportivamente hablando, como ahora, soy BLANCO-MERENGUE.

Pedro dijo...

Suñé.

Lalodelce dijo...

Sé que no es lo mismo pero a mi hija se la muerto la tortuga. Quizá estoy hilando tortuga con D'artagnan, te acuerdas de los dibujitos? Y D'artagnan con el esgrima.

Sí, este relato es elegante como dice Kelo.

Fluye, como el buen esgrima.

Camille dijo...

Kelo,
gracias por los elogios :)

Ángel, siempre ha sido así, pero como escribía más posts intercalaba más de arte y gastronomía. Ahora que mi vida social se ha reducido bastante tiro más de personajes. Supervivencia...

Elo, no me hables de merengue que ya sabes que a mi las carolinas me vuelven loca. Aunque creo que tú hablas de otro merengue, no?. Ay! mi Olivier es de "otro" equipo.....ejem....

Pedro. Puede ser...

lalodelce, siento lo de la tortuga de tu hija. Me acuerdo de aquellos dibijos, aquí se llamaba Dartakan: eran uno, dos y trreeessss los famosos mosqueperros jajajajaja

Paco dijo...

queda claro que aqui... no queda nadie.

saludos

Oli dijo...

¿Trilogía? Podrías hacer más entregas de colores.

Me ha gustado mucho esta entrada. Blanco teñido de luto.


OLI I7O

Roberto Arancibia dijo...

Precioso texto, tanta frase rápida y al grano, como me gusta a mí. Me pareció muy sensual la descripción de las clases. Habría sido un giro interesante?
Keep blogging.
Saludos desde Chile.

Aldabra dijo...

se hubiera sentido orgulloso si te leyera, aunque tal vez lo haga donde quiera que esté.

bicos,

Aldabra dijo...

por cierto, en algunas culturas el blanco es el color del luto.

Camille dijo...

Paco, algunos hay por ahí que dicen ser inmortales..

Oli, yo no sé si es una trilogía o no. Alguien lo ha apuntado pero quién sabe...hay más colores? jajajaja

Roberto...si yo te contara! gracias por tu visita, me ha hecho ilusión! ;)

Aldabra, era un tipo orgulloso, sí. Su padre, más aún.

Perla dijo...

Un relato muy apropiado para un blog titulado "Botxo Follies"...;)

Camille dijo...

Pues no lo pillo....Perla.
No es un relato, además.

Susy dijo...

Paso por aquí y, al leer este post, se me antoja una metáfora de la vida.
Llorar por la desaparición de alguien que ha dejado en nosotros tal impronta, es natural.

Un saludo.

Perla dijo...

Me ha parecido el "relato" de una relación entre dos personas ( el maestro y la alumna) dentro de la historia global de Bilbao...mi interpretación del título del blog es personal, quizás; la asimilo a la interpretación que hago de Brookly follies de Auster,una novela con historias particulares con Brooklyn de fondo.
No sé por qué dices que no es un relato, el relato no tiene una definición clara, quizás la única es que es de corta duración.
No tengo claro si te ha parecido bién lo que he comentado anteriormente o no, pero mi intención era hacerte un halago.

Raúl dijo...

Yo también noto cierta nostalgia desprendida en lo que te leo. Quizá sea únicamente los temas elegidos, que te obligan a utilizar formas suaves, de trazo cadencioso.
El relato, que para mí tiene unas connotaciones cinematográficas evidentes, me ha encantado.

Pd.- Pues parece que acerté con el color.

Camille dijo...

Susy, fíjate si será grande la metáfora que me escribieron ayer para decirme que le vieron comprando el periódico....

Perla, como desees...

Raúl, sí, lo adivinaste...touché...ya te lo dije!
A mi este hombre me recuerda un poco más a los libros que leía de pequeña de Lagardere. Hay una película que trata muy bien la esgrima deportiva, trabaja Eric Roberts (el hermano venido a menos de Julia) y se titula By the sword aunque en España la titularon "El desafío"

Allek dijo...

pasaba a saludarte....
un abrazo..!

Fernando Pagán dijo...

También el nombre podría haber sido "el maestro de esgrima", aunque también blanco era su color.
Un saludo