viernes, febrero 27, 2009

Bruce again...


Estadio San Mamés
Bilbao
Domingo 26 de Julio de 2009

Sí,
Sí!
Sí!!!!!!!!!!!

Son mías!!

lunes, febrero 23, 2009

Doble perspectiva...


Aún no había cortinas en esa ventana cuando comencé a verle pasar.
Los fines de semana, al despertar, subíamos la persiana y, desde la cama, veíamos los árboles y el camino.
Era otoño y las hojas poco a poco iban dejando desnudos esos árboles que habían sido tan frondosos apenas hacía un mes.
Desde el principio reparé en él.
Ese camino es muy poco transitado y lleva directamente a un caserío desvencijado, al que le faltan tejas y al que le sobra maleza en el jardín.
Él iba en bicicleta, una BH de los años setenta, llena de óxido. Abrió la verja del caserío y entró. Así, fueron sucediendo los fines de semana.
Todos los sábados y domingos, mientras me desperezaba calentita en mi cama, le veía pasar por el camino en su bicicleta.
Después llegaron las cortinas, pero livianas para poder seguir viendo los árboles, el camino y al hombre de la bicicleta.
Llegó la primavera y los árboles comenzaron a llenarse de hojas, y los almendros de flores.
Su caserío seguía igual de viejo pero en el jardín la vida renacía.
Un día subí por el camino y me acerqué a la verja. “Cuidado con el perro” rezaba un cartel atado con una cuerda a la verja. El perro comenzó a ladrar, no le llegué a ver pero sonaba amenazante. Es todo lo que pude ver, el cartel, ni siquiera se veía el caserío desde el camino.
Había mejor perspectiva desde mi cama que desde la verja. Poco a poco, la primavera dio paso al verano, a las cerezas de su huerto, a los higos de esas higueras que se incorporaban hacia el camino y que un día me llamaban a gritos pidiendo ser salvados.
Los higos siempre me recordarán a mi padre.
Algunos días un coche aparca en el camino, alguien se baja y entra en el caserío. Algún amigo. Pero el hombre siempre va y vuelve en su bicicleta oxidada. Una mañana de hace unos días, paseando por el boulevard que da nombre a mi calle, de frente vi venir una bicicleta, una BH de los años setenta, llena de óxido. Subida en ella un hombre canoso, de unos setenta años. Ágil, con una cara amable surcada de arrugas. Al llegar a mi altura pude ver que llevaba un sonotone en la oreja derecha. Una sonrisa sincera iluminó su cara y un hola divertido salió de sus labios. Le devolví la sonrisa y me quedé con las ganas de preguntarle qué perspectiva es la que hay desde su huerto. Desde ese huerto que yo tan sólo intuyo e imagino. Con ganas de preguntarle si sabe que soy yo la que, en algunos días de septiembre, le robo los higos que asoman al camino.

martes, febrero 17, 2009

El otro Murakami...



Hay otro Murakami, además del que nos enamoró con Norwegian Wood. Se llama Takashi y también es japonés.

Dicen de él que es el nuevo Andy Warhol.
Es un tipo curioso, estudió bellas artes , formándose en la disciplina más clásica japonesa, pero su arte surgió en la generación Neo-pop, tras el pinchazo de la burbuja económica de Japón a finales de los ochenta. Incorpora en su obra elementos de la cultura popular contemporánea de su país en forma de animación y manga, así como iconos budistas o rollos de pinturas del siglo XII y pintura zen.
El concepto de su obra es que el arte es parte de la economía, por lo tanto llega al arte más elevado y a la cultura popular, interrelacionando una y otra.

El artista es célebre por forjar un nuevo modelo empresarial basado en la transformación de estrategias de mercado. Dice que la idea la sacó de Giorgio Armani, que piensa sus diseños y sus sastres confeccionan los modelos.

Así, Murakami, creó su corporación internacional, Kaikai Kiki Co., Ltd., con sede en Tokyo y Nueva York. Entre todas las diferentes actividades que llevan a cabo, destacan la fabricación en masa de productos de merchandising, la producción de filmes de animación manga o la ilustración de los bolsos realizados por Marc Jacobs para una colaboración con Louis Vuitton.

©Murakami es la retrospectiva más amplia dedicada a este artista hasta la fecha y la podemos visitar, desde hoy, en el Guggenheim.

jueves, febrero 12, 2009

Desde mi ventana...



Esta es una tierra dura.
De inviernos largos y veranos dibujados.
Pero a través de la niebla, la lluvia y esa humedad constante, la tierra, en ocasiones, nos regala una sonrisa de colores.
Solamente hay que estar atento...

martes, febrero 10, 2009

Beltz the Black...



Beltz The Black es el restaurante que está alojado en el Gran Hotel Domine Bilbao, uno de los últimos cinco estrellas del nuevo Bilbao y que fue diseñado por Javier Mariscal.

Habíamos estado más de una noche en el Splash & Crash, el bar de copas del hotel, tomando algún que otro cocktail pero nunca nos habíamos animado a ir a comer al restaurante, a pesar de las buenas críticas que teníamos de él.

Elegimos el menú degustación Black, aunque cambiamos el vino, ya que el menú incluye un maridaje que a mi Olivier no le gustó nada.

El menú fue más corto de lo que imaginábamos.

El jefe de sala es un tipo estirado y afectado. Con prisa. Quiere parecer tan exquisito que queda forzado y gracioso. Faltaba naturalidad y humildad, sobraba presunción y soberbia.

Sólo había tres mesas ocupadas. La crisis, que no perdona. Una de ellas con dos parejas maduras, la segunda con ella, él, el niño y los padres de él. Tomaban el menú que iban a servir en la boda. Una boda de noche y con demasiados platos. Quizás si hubiese habido más gente no me hubiese enterado de más de lo que quería saber, aunque lo dudo...mandaba la madre de él, y mucho...

Volviendo al menú decir que yo me esperaba más. Últimamente siempre me espero más de los sitios a los que les precede la fama y ya sólo me asombran los descubiertos por casualidad..
Para mi gusto las temperaturas tienen demasiado contraste. Después de un canelón frío de tomate, una ostra helada y después un arroz caldoso con manitas de cerdo.
No debería ser más gradual el cambio?.

miércoles, febrero 04, 2009

Hay un nombre que lleva tu calle...

"Hay una calle que lleva tu nombre
en la ciudad del viento
después de tanto tiempo
me harté de esperarte
y se cayó el letrero."
(Quique González)

Hay una calle en el viejo Bilbao, que tiene nombre de iglesia o de mujer o de verbo. Nace en la Plaza de la Encarnación, donde se encuentra la iglesia de la Encarnación (la de la foto, vestida de gala para un concierto) y muere en la calle Atxuri. Se llama Encarnación. Poco misterio para tanta sorpresa.

Es una calle vieja, con solera. Con tendederos de ropa en las ventanas y sábanas flotando al viento. Con geranios emborrachados de rosa fucsia y molinillos de viento danzando al compás en los tiestos. Es una calle ruidosa. Vivida. Peatonal. Con edificios restaurados, los más afortunados, y pintados en tonos alegres. Con miradores de hierro. Con banderas piratas ondeando en los balcones. Con ríos subterráneos, afluentes del Nervión, durmiendo en su interior y respirando muy suavecito. Aunque eso pocos lo saben.

Somos muchos los que hemos vivido en esa calle. Cuando todo era lujo en el resto del Botxo, cuando el Casco Viejo se puso de moda para esa gente que antes no daba un paso que fuera más allá de la Plaza Circular y que sólo se acercaban al Arenal en la feria del Libro, no quedaba otra zona en la que comprar piso que Bilbao la Vieja o Atxuri.

Yo me fui a Atxuri. Me compré el piso más bohemio y más bonito del mundo entero, en uno de los edificios más viejos del mundo entero, también.

En los primeros días me encontré con I., uno de los hijos del Miren Itziar (ése donde suele ir a comer Fito sin sus Fitipaldis). Nos hicimos amigos. Alguna noche le iba a ver actuar al Key, en la calle del Cristo. Él decía que éramos los más modernos del barrio y a mi me gustaba oirlo. Todas las mañanas tomaba un café en el Floren, una taberna pintoresca que tenía como especialidad la "clientela variada". Es un barrio fácil, de vida fácil. Con panaderías que cierran tarde y gente sentada en la calle, al sol.

La luna aparece todas las noches y en agosto se ven los fuegos artificiales desde la ventana. La han incluído como visita turística guiada y a mi me gusta pensar que, aunque ya haya vendido aquella que fue mi casa, siempre seré la "chica atxuri".

lunes, febrero 02, 2009

Louis en el Botxo...

Una ciudad no llega a ser del todo glamourosa y cosmopolita hasta que Louis Vuitton decide abrir una de sus tiendas en ella.
Eso, al menos, cuenta una leyenda parisina.
Durante meses pudimos ver, en uno de los más bellos edificios de la Gran Vía bilbaína, las tapias, empapeladas con las colecciones de la firma, que ocultaban el gran secreto.
El lugar elegido también es muy significativo, pues antes allí había un Burger King...
La tienda, que intenta ser una fiel copia de la ubicada en los Campos Elíseos, está decorada con mármol, piedra y maderas nobles. En la entrada, a modo de felpudo, las letras en oro de Louis Vuitton nos invitan a entrar en un lugar lleno de lujo y glamour.
Nadie se resiste a esta firma. Plagiada hasta la saciedad y buscada como ninguna en otra en los mercados negros, su imagen siempre estará relacionada con los viajes, el lujo y el arte. Por eso mismo, y por esas mismas razones el Botxo fue una de las ciudades elegidas para abrir una de sus maravillosas tiendas.
Para mi era una de las firmas más clásicas de la moda hasta que en el 97 contrataron como director artístico a uno de mis diseñadores favoritos, quizás el más favorito, Marc Jacobs. Fue llegar él y comenzar a despertar de su aletargamiento.
Los archiconocidos bolsos y maletas marrones con el logotipo de la firma en camel, comenzaron a aparecer con rosas rojas, con flecos o con botones. Abrieron tiendas en Japón, los pobres japoneses lo agradecieron en el alma pues les pillaba más cerca que París. Hasta sedujeron a Coppola para que posara para una de sus campañas, e incluso acaban de contratar a la rebeldísima Madonna como musa de la firma.
Así que soy feliz, Vuitton abre en Bilbao y casi a la vez Jacobs abre su primera tienda en España...
Aunque viajar me encanta también me gusta que, en ocasiones, me pongan las cosas fáciles..

jueves, enero 29, 2009

El aceite de la vida....


En Donosti, en la Calle del Puerto, está Oliviers & Co. Una franquicia francesa de lo más exquisita y que no podemos encontrar en ningún otro lugar de España.
Aceites italianos, de oliva siciliana, griegos de la maravillosa oliva de Kalamata, además de franceses, croatas, turcos y algún marroquí. Con una cucharita de plástico se puede catar cada especialidad antes de decidirse.
Acetos balsámicos tan espesos que parecen miel, vinagres de orégano, de higos...
Tapenades de oliva negra, verde, de pistacho...
Tomates italianos deshidratados en aceite de oliva..
Galletas
Utensilios de cocina de madera de olivo.
Su dueño es un tipo tranquilo, amable y que, a pesar de su nombre vasco, es francés.
Allí también se puede encontrar cosméticos biológicos y ecológicos cuyo ingrediente base es el aceite de oliva.
Una tienda muy recomendable a la que hacer una visita después de los pintxos y antes del café junto al mar...
Edito con una pena infinita pues me han informado de que la tienda Oliviers & Co ha cerrado....
Nunca fue más cierto lo de "Siempre nos quedará París"...

lunes, enero 26, 2009

Érase un hombre al acordeón...

Nunca me hubiera fijado en ellos en otro lugar que no fuera ése. Son rumanos. Él es moreno, ojos oscuros y mirada dispersa. Ella lleva el pelo rubio de ese tono amarillo oxigenado que se encuentra en la tercera balda de la sección de higiene de un supermercado cualquiera. Vinieron a Bilbao hace unos años. Ella trabaja en el servicio doméstico, con una señora que la trata bien y le ayuda mucho. Habla bastante bien castellano. Él apenas balbucea cuatro palabras. No tiene trabajo. Toca el acordeón en las bocas de metro o en las puertas de algunos comercios. Siempre lleva una gorra azul marino bien calada, tapándole los ojos.
Durante cincuenta y cuatro días, dos veces al día, coincidí con ellos en la puerta de una UVI, esperando para entrar. Duraba más la espera que la visita. Así fue como ella y yo comenzamos a hablar. Su hijo de veinte años había caído por el hueco de un ascensor en la obra del edificio en el que trabajaba. No tenía papeles y le habían registrado en ese hospital con otro nombre, el de un compañero suyo que sí tenía papeles. Estaba en coma, no se sabía si se iba a salvar. Ella quería justicia, quería que la empresa que le había dado el trabajo a su hijo, la empresa que cada día le explotaba durante diez horas por un mísero sueldo, al menos, se responsabilizara de la desgracia.
Cada día, durante esos cincuenta y cuatro días, hablábamos. A veces me contaba cosas de su pueblo en Rumanía. No recuerdo el nombre, recuerdo que era feo y que no había trabajo. Su sueño era España y en cuanto pudieron se vinieron para aquí. Una hermana suya había venido a Bilbao y aquí aterrizaron ellos también. También me contó que su hijo, ese mismo que estaba en coma, había encontrado nada más llegar aquí una moneda enterrada en un monte y le gustaba soñar que era una moneda muy valiosa, que algún día la vendería y se convertirían en millonarios.
Ella, durante aquellos días, llevó esa moneda a un joyero para que le hicieran una cadena y regalársela a su hijo cuando despertara. A veces, me hablaba del destino. Ella creía en él, y pensaba que, a pesar de todo, algo bueno les estaba esperando.
Él, mientras, también empezó a tocar el acordeón a la puerta de ese hospital.
Un día, y de manera abrupta, nos dejamos de ver. Yo dejé de ir dos veces al día a esperar delante de aquella fría puerta.
Les perdí la pista, aunque no les olvidé. A él le veía casi cada día, [probablemente hubiera estado siempre] en la boca de metro del Casco Viejo, en la Gran Vía, en Indautxu, en el Corte Inglés, en la Ribera. Cada día lo veía, y cada día lo esquivaba. Bajaba la vista cuando pasaba a su altura. Miraba al suelo o a su tarrina vacía de margarina en la que siempre había unas pocas monedas. Nunca he sabido muy bien por qué lo hacía, por qué le esquivaba, era una mezcla de vergüenza, de no querer hablar de mí, o de no querer esforzarme en hablar de él. Irremediablemente él, siempre, me recuerda aquellos días. Aquella puerta. Aquella UVI.
Unos meses después, un domingo, leí en un periódico su historia. Ella lo consiguió. Alguien la escuchó y contaron la verdad. Su hijo había logrado despertar aunque con graves secuelas. Estaba en el Hospital de Gorliz. Publicaron también una foto de los dos, de ella con su hijo. Me entraron ganas de salir corriendo hacia allí y volver a hablar con ella, de abrazarla incluso. Pero entonces le recordé a él y a su acordeón.
Ahora sí que ya les había olvidado. Han pasado ya tres años y nosotros hace uno que vivimos fuera de Bilbao, el mismo tiempo que hace que no le veo en cada esquina tocando el acordeón.
Hasta hoy. En la misma calle en la que vivo ahora, en una acera, frente a un supermercado estaba él tocando el acordeón. Con su gorra azul marino y su tarrina vacía de margarina. Mientras la lluvia le calaba los huesos, el amargo sonido de su acordeón inundaba la calle.
He vuelto a bajar la vista al pasar a su lado

jueves, enero 22, 2009

La vie en rose...



Sin lugar a dudas, Ella, es lo mejor que me ha sucedido en la vida.
También lo más absorbente.
He vagado muchos días por este blog intentando retomarlo, quitarle las telarañas.
Me daba pena verlo vacío, aún con el eco de pasos y voces, muchas de ellas conocidas.
Pero, hasta ahora, nunca encontraba ese momento de sentarme frente a la pantalla.
He paseado por otros sitios en la red durante estos meses, pero este lugar es mío, aquel que un día fue mi casa.
El lugar al que siempre volver.
Aunque me vuelva a marchar.
La vida está llena de despedidas y de reencuentros.
Hoy vuelvo.
Soy la misma, aunque nunca volveré a ser la misma.
Soy más generosa.
Soy mejor persona.
Y soy más feliz.
Ahora me queda encontrar a aquellos que un día fuistéis mis amigos

miércoles, marzo 12, 2008

Easter Holydays...

Imagino que todos tenemos un lugar en el Mundo que nos atrae irremediablemente, sin saber bien el porqué.
O, en algunos casos, con la fortuna de, quizás, conocer la razón de esa atracción.

Yo me siento atraída por todos los lugares que no conozco y por la mayoría de los que ya he conocido.
Generalmente me gustan todos los sitios o países que visito, sus gentes, sus comidas, sus museos, sus tiendas y sus paisajes. Siempre regreso a casa con la sensación de haberme querido quedar y con la promesa de hacer todo lo posible por volver. Si que tengo predilección por alguna ciudad o país en concreto pero jamás he estado en algún lugar al que no volvería.
Creo, que nunca se llega a conocer del todo un lugar, ni siquiera ése en el que se vive.

Tengo tantos lugares soñados pendientes de conocer que no sé si la vida me alcanzará a lograrlo.

Pero si hay una ciudad delirio para mí, si hay un lugar con el que sueño desde niña con pisar es New York.

Walt Whitman escribió que la mejor medicina para el alma era cruzar a pie el puente de Brooklyn.
Y todos sabemos que Whitman no regalaba nada.
Cuando yo leía a Whitman era esa época en la que el alma está un tanto turbia y el corazón desbocado, así que imaginar una medicina para el alma y además llena de mástiles, se me antojaba de lo más romántica y novelesca.

Después, he ido buscando yo a New York, cada historia que leía, cada imagen que veía , cada película, cada libro hacían que me enamorara más de una ciudad que no sabía si algún día iba a conocer. Me atrae todo lo relacionado con ella, sobre todo si es en forma de historias urbanas y mundanas.
A veces, era ella la que me encontraba a mí disfrazada de poema, novela, musical o [incluso] serie televisiva. He llegado a conocer cada calle de Brooklyn de la pluma de Auster y los garitos, restaurantes y tiendas fashion de Manhattan de la estela que dejaban a su paso los tacones de Carrie Bradshaw.

A los veinte avisé que los treinta los celebraría en New York. Había que poner una fecha. Pero los treinta llegaron y pasaron sin pena ni gloria. Bueno, con la pena correspondiente, eso sí, pero sin billete de avión a la city. Se celebraron en el Botxo y poco, por la correspondiente crisis de los treinta, que ya ni recuerdo….

Supongo que la tengo idealizada, mitificada y totalmente vanagloriada. Pero también sé que el día que ponga un pie sobre una de sus aceras me sentiré un poco como en casa. Porque son tantos años de soñarla que ya es un poquito parte de mí. Somos también una parte de lo que deseamos.

Ahora, es lógico que no pueda evitar los nervios y cierto temblor en las manos. Ese sudor frío en la nuca que provoca la proximidad del cumplimiento de un viejo sueño. De un viejo destino [o predestino].
Nos vamos a New York este sábado a pasar la Semana Santa. Nuestras últimas vacaciones solos. Pues aunque ella también viene, afortunadamente no paga viaje….

Así que respiro hondo y profundo para decir que por fin…….lo he conseguido!

viernes, marzo 07, 2008

Bloody Mary...


Los ingredientes:
  • Hielo
  • 3/4 Jugo de tomate
  • 1/4 Vodka
  • Una gota de zumo de limón
  • Una gota de salsa Perrins
  • Una gota de Tabasco
  • Sal y Pimienta recién molida.
Siempre me ha gustado este cocktail. Lo he tomado mucho, pero en especial esos domingos al mediodía en los que la cabeza parecía a punto de estallar y el estómago no admitía mucho. Un Bloody Mary, unas patatas fritas y fuera resaca. Mano de santo.
Ahora, lo he rescatado y casi lo tomo a diario. Eso sí, sin vodka y con algo más de pimienta. Acabo de enterarme que al Bloody Mary sin alcohol se le conoce como Virgin Mary. Curioso!
(Extraído de univisión.com):
Aunque nadie sabe realmente cómo, cuándo ni dónde hizo su aparición el Bloody Mary, cobra mayor fuerza la historia del estadounidense de origen francés Fernand Petiot, propietario de un bar en París en los años 20.
Acostumbraba a mezclar vodka y jugo de tomate en partes iguales. "En 1934 llevó su fórmula a Nueva York y trabajó en el famoso bar de King Cole en el hotel St. Regis de la capital del mundo. A pedido de neoyorquinos sofisticados le agregó pimienta, salsa Worcestershire y limón y, para aquellos que tuvieran más espíritu, le añadió un poco de tabasco", cuenta el brasileño Edson Silva, barman de un restaurante en Manhattan.


Existen otras suposiciones sobre el origen de la bebida: que fue creada por un barman inglés para recordar a la reina María I de Inglaterra, famosa por sus persecuciones religiosas, de ahí su traducción María la Sangrienta (Bloody Mary).Otra, que también tiene sus seguidores, asegura que la bebida hizo su aparición al finalizar la Segunda Guerra Mundial como el mejor antídoto contra la resaca.
Dicen los expertos que el Bloody Mary es exigente, ya que no se debe tomar en cualquier cafetín o discoteca, ni en lugares penumbrosos u oscuros. Obliga a tomarlo donde haya mucha luz y en sillas muy confortables."Sirve para celebrar triunfos o contratiempos, pero jamás para iniciar o terminar grandes negocios", afirma Rodrigo Martelo, ejecutivo de una multinacional en Miami.

miércoles, marzo 05, 2008

A dónde van los sueños?...

En la tercera planta del Guggenheim y desde el viernes 29 de febrero se puede disfrutar de la nueva exposición Cosas del Surrealismo. Organizada por el Victoria and Albert Museum de Londres y con una escenografía diseñada por el equipo de arquitectos londinense Metaphor.

Son 250 objetos pertenecientes a colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Mobiliario, pintura, esculturas, vestuario, joyas, cerámica, textiles, fotografía y cine distribuidos en cinco secciones temáticas: El ballet; El Surrealismo y el objeto; El interior ilusorio; La naturaleza se vuelve extraña; y La exhibición del cuerpo.

Cosas del Surrealismo es la primera muestra que analiza la forma en la que muchos de los artistas surrealistas se fueron introduicendo en el mundo del diseño, al tiempo que los diseñadores comerciales se sirvieron del Surrealismo como fuente de inspiración
.

Dos de los mayores protagonistas y los más agasajados en esta exposición son Dalí, por su gran producción dentro del movimiento surrealista y Peggy Guggenheim, como la poseedora de la colección de arte surrealista más importante del mundo.

Un lujo de exposición para los más soñadores. E, incluso, para los incrédulos.
Porque, realmente, a dónde van los sueños?

jueves, febrero 28, 2008

Callejeros...


Todas las ciudades tienen de entre todos los seres que las habitan, algunos más especiales que otros. Me refiero a esos que, de alguna manera, se hacen notar a su paso. Son reconocibles e identificables aún entre una multitud. Algunos son hasta famosos, como Pascual, un simpático negrito al que se puede ver todos los mediodías de domingo cantando con su melodiosa voz, su sonrisa entrañable y sus piropos a todos los niños pequeños que le miran embelesados y tal vez, ilusionados. Pues Basilio, además de ponerle voz, ganas y alegría al Casco Viejo los domingos a la mañana y las tardes de entre semana, ejerce también una vez al año de Baltasar en la Cabalgata de Reyes del Ayuntamiento. Así que además contribuye a esa magia y misterio de un rey mago hecho carne. Y oficio.
En la entrada del metro de Plaza Unamuno, por las mañanas a primera hora, suele estar el protagonista de poner banda sonora a esa Plaza. Un asiático (no soy capaz de mojarme, no acertaría jamás el país) de ojos tristes y su violín. Cuando llegó hace unos tres años se puso en Gran Vía, pero enseguida encontró su lugar en la zona bohemia. Él es frenesí, nervio puro. Pero ojos meláncolicos. Llegó desafinando pero enérgico. Hoy, no desafina. Emociona. A veces, es tan frenético que se le vuelan las partituras. Una vez se las recogí y pude ver más de cerca esos ojos. Seguían igual de tristes. Me gustaría conocer su historia. Imagino que cuando puede come anguila los domingos.
En la fuente del Perro, un hombre abotargado y bañado en alcohol aúlla por las noches, rompiendo el silencio con su dolorosa y quebrada voz. Ese mismo hombre, hace ya bastantes años cantaba a Sabina y Police con esa misma guitarra y otro alma. Y tenía público, sobre todo chicas. Era hasta guapo, pero la vida le ha maltratado. No creo que pase de los cuarenta.
Luego, está Él. Él es ya un anciano. Yo le recuerdo desde siempre. Va con paso decidido, con prisa. Bien vestido. Elegante. Y recita una lista interminable. Son nombres y apellidos. Los recita de memoria, sin titubeos. No sé la historia. Contaban que quizás trabajó en alguna de las navales en la época de la reconversión industrial y esa lista de nombres eran los despedidos. Tal vez Él era el capataz.
El otro día le ví, y me sorprendió. Normalmente se le oye antes de verle. Su voz potente le precede, su lista de nombres. Yo estaba en la acera esperando el verde de un semáforo y oí hablar. Era Él: "De quién es el Titanic, el barco más grande del Mundo? Pues mío, de quién va a ser!". Y qué ha pasado con la lista? con esos nombres? y el Titanic a estas alturas?

martes, febrero 26, 2008

Public Lounge...


Abrieron en verano. Una tarde del mes de julio, Olivier y yo pasábamos por delante y yo me quedé impactada desde la calle, a través de sus cristales ahumados, de su decoración exquisita. Debía de ser el día de la inauguración porque había gente muy guapa dentro. Y fuera. No me quedé con el nombre.

Otro día, pasando también por allí con una amiga, nos quedamos leyendo la carta, no me acuerdo de los platos pero sí de que la vajilla y la cubertería era especial para la ocasión. Me sorprendió que nombraran la marca de una vajilla en un menú. El precio del menú VIP, con la nombrada vajilla, era para caerse de espaldas, aunque lo he olvidado. El subconsciente!

Después, volvimos una noche. A tomar un mosto....

Está en Henao, 54 y se llama Public Lounge. Es lo más kitsch, trendy, cool y fashion que ha existido y existe en el Botxo. Es un templo de culto a la moda y al arte, en un estilo propio que a mi me recordó un poco a la estética de las tiendas de Dolce Gabbana. Objetos de deseo encerrados en vitrinas de cristal: sandalias de Dior y Chanel junto a pitilleras de oro, gafas de Bulgari y porcelana de Limoges. Cuadros, esculturas, mobiliario de diseño muy cuidado. Piezas claves y bien situadas. Un patio central con fuente. Planchas y secador de pelo en el tocador del baño...

Merece una visita. Nunca Bilbao estuvo tan cerca de Hollywood.....

miércoles, febrero 13, 2008

Menos tu vientre...


Menos tu vientre

todo es confuso.


Menos tu vientre

todo es futuro

fugaz, pasado

baldío, turbio.


Menos tu vientre

todo es oculto,

menos tu vientre

todo inseguro,

todo es postrero

polvo sin mundo.


Menos tu vientre

todo es oscuro,

menos tu vientre

claro y profundo.


(Miguel Hernández)


Voy a ser mamá este verano. En julio. Es una niña. Soy muy feliz.

lunes, febrero 11, 2008

Ay, mi Bilbao...



Supongo que lo que tengo es tristeza. Antes vivíamos en una casa con un mirador lleno de geranios en el Casco Viejo. En un edificio de madera, con su escalera de madera. Un piso bohemio, con vigas vistas. Coqueto. En una calle peatonal, pero en el centro del mundo. Todo estaba cerca y todo estaba a mano. Bilbao es un botxo y se llega andando a donde quieras.
Necesitábamos un piso más grande, más nuevo. Más cómodo y caliente. Así que empezamos a mirar obra nueva y aquí estamos. Fuera de Bilbao. O comprábamos al lado del Gugghenheim (demasiado barato), o en las torres Izozaki (aún más barato) o aquí, junto a la ría. Y compramos aquí. Junto a la ría. Junto a esas grúas que este verano me parecieron tan románticas y que, ahora, en ocasiones las veo amenazantes.
La casa es bonita y nosotros nos queremos. No tenemos mirador pero tenemos una gran terraza que intentaré llenar de flores y de verde. Pero al mirar por la ventana veo el verde de los árboles y el azul del cielo.
Y yo echo de menos los tejados color tierra, la niebla gris, el ruido de la gente. Echo de menos la vida. Esto es una zona residencial, peatonal también. Con la ría enfrente y el monte detrás. Paseando no se llega muy lejos, al Puente Colgante y poco más. No hay un Zara, ni una perfumería al volver la esquina. Si cojo el metro, que lo tenemos cerca de casa, en ocho paradas estoy en el centro. Diez minutos. Vivo a diez minutos de Bilbao. No es mucho, pero para mi lo suficiente para estar triste. Lo suficiente para añorar mi Bilbao, las calles ruidosas, la gente, los bares, el ruido, las tiendas, el alma de la poesía de Bilbao...
Y YO ME IRÉ
Bilbao. Me voy ya pronto,
y no sé si volveré.
Esta vez llevo mis libros,
mis discos, y otras chanfainas
menudas. No volveré.
Te padecí hasta el ahogo,
Bilbao: tu cielo, tus casas
negras. Y tu hipocresía.
No, no volveré.
Quemaste mi juventud
como un trapo viejo. Un día,
me rebelé. Vi, y volví.
No, no volveré.
Me laceraste hasta el fondo
del alma. Me arrebañaste
la ilusión: no el entusiasmo.
Insistí hasta lo inverosímil.
Eso me salvó. Rompí
la puerta, y me fuí. Y volví.
No, no volveré.
Labrad, amigos,
un túmulo a mi ausencia (si
es plagio, mejor) Si muero,
Dejaré el balcón abierto:
no sé si en Cuba, en Madrid,
en Moscú, en París. No sé
dónde. Pero lo que sé
seguro, es que me voy. Y
no volveré.
(Blas de Otero)

jueves, febrero 07, 2008

Zortziko...


El zortziko (de ocho en euskera, zortzi) es un ritmo de baile euskaldún aunque también se utiliza como ritmo de música para acompañar versos. El Diccionario Oxford de la Música dice «Danza folklórica vasca en cinco por ocho (erróneamente se lo ha anotado en diez por ocho, v Aurresku), con la particularidad de que el segundo tiempo y el cuarto son casi siempre notas con puntillo». Ésta es la definición técnica. La definición popular es: el "Maitetxu mía" que cantaban los cansinos de Mocedades es un zortziko.


Después está el Zortziko, el templo de Daniel García. En plena Alameda Mazarredo, junto a la Gran Vía de Bilbao, en un edificio histórico del siglo XVIII se encuentra una de las mejores cocinas del Botxo. Cuenta con una bodega espléndida y con un aula de cocina, aunque destaca el estudio de investigación que hacen de los platos. Olivier y yo estuvimos el sábado pasado comiendo el menú degustación.
El restaurante es precioso y estaba casi vacío (la maldita cuesta de febrero).
Al lado nuestro había una mesa con una pareja joven y una señora mayor del estilo de Ana Obregón pero con más kilos, la pareja joven hablaba entre ellos en francés y con la señora en inglés, así que nos dio mucho juego el tema a Olivier a mí, intentado adivinar la relación que les unía.
Al otro lado, a nuestra izquierda, una pareja de Santander que, por lo que dedujimos al final, debían de haber hecho un curso de cata con el sumiller del restaurante porque tenían mucha "confianza". Olivier estaba ofendido, aunque yo creo que eran celos, porque dice que un buen sumiller tiene que ser capaz de dar servicio y cubrir toda la sala, no sólo una mesa. Además teniendo en cuenta que sólo éramos cuatro mesas. Así que le ponemos un punto negativo al sumiller por no haberle hecho la rosca a mi Olivier.
Otro punto negativo tengo que darle a un té de jazmín que me tomé después del postre y que estaba....frío!!! y un té de 6,75 € no se puede presentar frío. Para eso está el Nestea.
Lo demás...exquisito, en serio.
Copio el menú degustación

miércoles, diciembre 12, 2007

Bermeo...


Bermeo es algo más que bonito y un poco más también que el bonito que se exporta. Me gusta llegar a él atravesando las marismas del Urdaibai, pasando por Pedernales y Mundaka. Hay más caminos, pero son menos marítimos, más boscosos. Menos románticos. Aunque igual de verdes.

Bermeo es el pueblo de dónde salían los barcos balleneros que, un día, estudiamos en el colegio.

Es el pueblo en el que pescan ese bonito con el que hacemos el marmitako y el culpable de ese dicho de "no grites tanto, txo, que pareces de Bermeo".
Abajo, antes de llegar al puerto, su kiosko de música parece sacado de una película de los años veinte y el Casino evoca épocas de gangsters y mafiosos, aunque tenga menú del día.
Despúes, el puerto. El muelle. Los barcos. Las redes. El olor a sal, a mar, a sirenas.
Arriba, la Atalaya. Las vistas al infinito mar y a la isla de Izaro. El parque. El olor a mar y a sal.
Y alguna que otra sirena sentada en un banco. El manicomio también se encuentra allí. [Paradoja]. Más allá, el cementerio.
Las calles que llevan del puerto a la atalaya son de piedra y empinadas, y en todas ellas, bulliciosas, destacan los balcones de hierro en las casas pintadas, y sus alegres macetas. Las risas. Bermeo es un pueblo feliz lleno de gente que grita, ríe y sonríe. Es un pueblo duro, frente al Cantábrico. Y eso se nota, o quizás marca. Pero algo tienen sus hijos que son fuertes y testarudos, además de alegres.
Bermeo estará aullando de dolor estos días por tu ausencia, Zuriñe. Estará sordo sin el sonido de tu risa. Apagado sin el brillo de esos ojos tan grandes y sinceros. Falta tu alma en esas calles, tus gritos en los bares, y tu culo en ese banco de la Atalaya donde tantas veces, sin hablar, nos contamos tantas cosas.
Agur, Zuriñe!
"Porque si no mueren las almas, está muy bien que en sus despedidas no haya énfasis". (Borges)

viernes, noviembre 23, 2007

Ariel Rot...Oh!


De pequeña suspiraba por él. Tan delgado. Tan vital. Tan guapo.
Siempre me llamó la atención que se llamara igual que el detergente que usaba mi madre.
Antes, mucho antes de Skip.
Me enteré tarde que actuaba en Leioa hoy. Cuando uno pasa una temporada en el infierno, en esa tierra de nadie en la que sólo hay cajas y no hay orden ni concierto ni tampoco internet, pues o bien no se entera de las cosas o se entera tarde.
Fue mi caso... Ariel Rot en Leioa. Entradas agotadas.
Mala racha la mía con las entradas, eh?
Llamé a Lenna. Le dije: mueve tus hilos. Y los movió..vaya que los movió!.
Le llamó a un amigo de la cuadrilla que alguna vez se había jactado de ser íntimo amigo del alcalde de Leioa.....
Al cabo de media hora teníamos dos entradas.
Su amigo, no el alcalde, sino un concejal que luego resultó ser exconcejal, nos dejó en un sobre ese mismo día dos entradas para ver a Ariel Rot.
En la fila cuatro del Auditorium.
Gratis. Sin preguntas.
Sin sudores.
Sin esfuerzos.
Sólo por ser conocidas de un amigo de un exconcejal de un ayuntamiento de un pueblo.
Lo cuento porque me han dicho que no lo cuente.
Pero estas cosas hay que contarlas, verdad?
Luego hay que oir que nos europeízamos.
Esto es un pueblo, leñe! Me apuesto algo a que hoy aquello estará lleno de jubilados y de amigos [con camisa de cuadros y txapela] del alcalde y de cuanto concejal y exconcejal se tercie.
Ariel Rot??? who?
Alguien es amigo de algún amigo de Bruce ?